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A Rodrigo.
Yo ahora más que en enero 24 de madrugada sé por qué decía en 2550 que eran contrarios.
Soy un poco precaria para narrar, pero haré lo posible.
Éste es un ejercicio parecido al del diario pero más público, mira, me esmero.
No pude contestar bien hoy porque es difícil, es como hacer comparaciones.
Como que tú eres una mandarina y él una berenjena.
Como que las guitarras son un estupendo invento y tú lo entiendes…
Como que puedo cantar y encima contigo.
Ni mis palabras ni mis delicias culinarias terminan bajo la cama.
Cama que por cierto es más dulce y en la que no me siento aislada ni reducida.
Reducida a peda(cito) de carne.
Como que las siestas valen otra vez.
Hay que entender lo que es un abrazo porque no lo sabíamos bien hasta esa vez.
Me avanza la fecha y soy un poco atrevida para decir enero 25.
Antes de eso podía abrazarte a medias y acariciarte a medias.
De ahí todo tres cuartos hasta después cuando ya quedamos sin cosas pendientes.
Por dormir con el brazo aplastado.
Por dormir.
Por dormir y confiar, ¿no?
Por confiar.
Por confiar de mis verdades y descubrir mis mentiras.
Las mentiras, las sorpresas no.
Y que aceptas las sorpresas con sospechas y no me las echas encima.
Hay que ser bueno para disfrutar, para la risa y las sorpresas.
Todo lo que menciono existe y no lo tenía, vas comprendiendo imagino.
Ahora duermes y no pienses que río por eso, yo me acuerdo de ti y lo más apropiado sería poder estar acariciándote en este momento, saber que estás bien.
Una sonrisa encantadora que me hace saber que eres capaz de estar bien.
Todos somos un poco solos.
Que no haya tanto miedo a temer.
Que me impresiona un poco que no seamos trágicos.
Considerando las circunstancias de las que proveníamos nos portamos bastante bien.
Ogro y mujerzuela.
En fin, esas gentes.
Mis instintos de redención de los frágiles borrados por mi propio escape.
Y no tuve tiempo de lamentarme por mí.
Por ti ya había llorado, no lo dudes, lo digo literalmente.
Y yo no quería ser más la salvadora de nadie.
Decía, decía: “Yo no salvo a nadie.”
No lo tuve que hacer, estábamos contentos igual.
Me acuerdo que me preguntaste por mi ex tristeza del amor, que di por concluida.
Hiciste lo mismo con la tuya aunque no lo inquirí.
Enero 25, la soledad cae por su propio peso.
Enero 25, la felicidad se erige por su propia gracia.
De ahí en adelante mis dudas sobre lo contrarios que eran fueron patentes.
Por los besos que una que yo amo despreciaría de ti.
Que entiendes la diferencia entre que el gallo se pise a la gallina o el perro se monte a la perra y hacer el amor.
Que entonces me abraces, me beses, me mires.
Para eso, decía el profesor, los humanos copulan de frente.
Y comprendernos, no me siento más sola.
Lo confirmo cada vez que no saltas de la cama de inmediato y en cambio te abrazas a mí hasta siempre (o lo que sea posible).
A ver qué pasa.
¿Y los planes dónde?
Donde mejor quepan que no los precisamos en este momento.
Vieras cómo te sonrío, vieras.
Ahora mismo te extraño y espero que mañana sea mañana y no pasado mañana.
Las buenas noches cumplen su deseo cuando el buen día siguiente trae tu presencia.
Un poco chulo eso pero lo pasamos bien.
¡Ah! Que las peleas son simuladas.
El té, el café, el mate.
Que a propósito del té verde terminamos en el schop.
Jaja, el schop de a dos.
También que me dijiste que no le fuera a echar la culpa a la cerveza y se me olvidó forever.
Y eso que ni siquiera estábamos enamorados.
No pues, no.
¿Y cuánto rato después sí?
Que no te lleven lejos de mí porque no lo aguantaría bien.
Algo mal y un poco incoherente en realidad.
Ya sé más o menos de eso.
No puedes salir con si conozco a Buddy Holly y si me gusta.
No sé cómo oculté la verdadera reacción.
Tretas que no uso, no no no.
Pero el avance es el siguiente: sabes quién es Buddy Holly, ja. Como para anotarlo en mi diario.
Volvemos así al invento guitarra.
Debe ser porque eres el galán y yo la chica ésa que dijeron que éramos.
No hablo de John y Yoko por si acaso.
Del rock y por supuesto los rocanroles (el bailecito querido).
O de que en el bar aquel en Valparaíso te dediqué ese tema bacán.
Que no es del rock, sino de la bacanidad, pero lo apreciaste porque estás del lado de la bacanidad.
No nos casamos esa vez pero filo, fue excelente el paseo.
Con lo que te gusta pasear y a mí mejor pasear juntos me pareció.
De verdad, de verdad.
Yo estoy apreciando todo y siento que sucede por tu parte también.
Es simple comprender por qué contrarios, me quedaba esos viernes contigo en lugar de irme con él.
Para conversar o quedarnos callados.
Hacerte cariño, que me abrazaras un poco.
¿Dije ya lo de los besos?
Me acuerdo que en enero 25 dijiste muchos besos y así fue.
Muchos besos hasta siempre (o hasta que sea posible).
Las fresias.
Las canciones.
Los libros.
Los retratos.
Ya no tienes que sentarte a mi lado para medir mi desazón, tú mismo te la llevaste toda.
Estaba lánguida, estaba.
Tú eres capaz de leer mis secretos.
Tú vas a buscarlos.
Te he dado varios más después de tu osadía.
Tú has merecido mis secretos.
Y todo lo demás, que debería ser más.
2550, 315, 25, 20, 19, 244, 318, los números que quieras.
2, el dos es mi cumpleaños.
El 20 el tuyo pero ya lo anoté.
Los Flaubert, la dedicatoria apócrifa y la buena.
Te va quedando claro por qué contrarios.
Eres inteligente.
La no complicación, algo de relajo.
El mejor compañero de trabajo…
Estuvo bueno el 97 dije en el 2007.
Y la mardá.
Y el amor.
Así que bien, yo pensaba que eran contrarios, lo comprobé.
Por eso me tenías así.
Con las ganas tremendas.
De salir.
Corriendo detrás de alguien que no sabía qué pensaba, qué sentía.
Así que…
Ni siquiera te atrevas a preguntarme con quién me siento mejor.
Como no te atrevías a preguntarme quién tenía más…
La respuesta es la misma que la del agosto 25.
La misma, porque el tú de ese día es el mismo de hoy.
Te amo, respuesta definitiva.
Por eso.
Y tenía razón.
Eras un buen amor.
Yo lo imaginaba.
Pero al final eras mucho mejor.
Mucho mejor.




Ya era hora de publicar el próximo recuerdo. Estaba haciéndome la ocupada y estudiosa pero tan cierto eso no es. Ahora entonces, como tengo tiempo, continúo. Pero como tampoco tengo tiempo decidí recordar a alguien que murió joven para no demorar tanto.