Hortensia


Ejercicio de respuesta
Miércoles, Agosto 30, 2006, 12:48 am
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A Rodrigo.Rodrigo

Yo ahora más que en enero 24 de madrugada sé por qué decía en 2550 que eran contrarios.

Soy un poco precaria para narrar, pero haré lo posible.

Éste es un ejercicio parecido al del diario pero más público, mira, me esmero.

No pude contestar bien hoy porque es difícil, es como hacer comparaciones.

Como que tú eres una mandarina y él una berenjena.

Como que las guitarras son un estupendo invento y tú lo entiendes…

Como que puedo cantar y encima contigo.

Ni mis palabras ni mis delicias culinarias terminan bajo la cama.

Cama que por cierto es más dulce y en la que no me siento aislada ni reducida.

Reducida a peda(cito) de carne.

Como que las siestas valen otra vez.

Hay que entender lo que es un abrazo porque no lo sabíamos bien hasta esa vez.

Me avanza la fecha y soy un poco atrevida para decir enero 25.

Antes de eso podía abrazarte a medias y acariciarte a medias.

De ahí todo tres cuartos hasta después cuando ya quedamos sin cosas pendientes.

Por dormir con el brazo aplastado.

Por dormir.

Por dormir y confiar, ¿no?

Por confiar.

Por confiar de mis verdades y descubrir mis mentiras.

Las mentiras, las sorpresas no.

Y que aceptas las sorpresas con sospechas y no me las echas encima.

Hay que ser bueno para disfrutar, para la risa y las sorpresas.

Todo lo que menciono existe y no lo tenía, vas comprendiendo imagino.

Ahora duermes y no pienses que río por eso, yo me acuerdo de ti y lo más apropiado sería poder estar acariciándote en este momento, saber que estás bien.

Una sonrisa encantadora que me hace saber que eres capaz de estar bien.

Todos somos un poco solos.

Que no haya tanto miedo a temer.

Que me impresiona un poco que no seamos trágicos.

Considerando las circunstancias de las que proveníamos nos portamos bastante bien.

Ogro y mujerzuela.

En fin, esas gentes.

Mis instintos de redención de los frágiles borrados por mi propio escape.

Y no tuve tiempo de lamentarme por mí.

Por ti ya había llorado, no lo dudes, lo digo literalmente.

Y yo no quería ser más la salvadora de nadie.

Decía, decía: “Yo no salvo a nadie.”

No lo tuve que hacer, estábamos contentos igual.

Me acuerdo que me preguntaste por mi ex tristeza del amor, que di por concluida.

Hiciste lo mismo con la tuya aunque no lo inquirí.

Enero 25, la soledad cae por su propio peso.

Enero 25, la felicidad se erige por su propia gracia.

De ahí en adelante mis dudas sobre lo contrarios que eran fueron patentes.

Por los besos que una que yo amo despreciaría de ti.

Que entiendes la diferencia entre que el gallo se pise a la gallina o el perro se monte a la perra y hacer el amor.

Que entonces me abraces, me beses, me mires.

Para eso, decía el profesor, los humanos copulan de frente.

Y comprendernos, no me siento más sola.

Lo confirmo cada vez que no saltas de la cama de inmediato y en cambio te abrazas a mí hasta siempre (o lo que sea posible).

A ver qué pasa.

¿Y los planes dónde?

Donde mejor quepan que no los precisamos en este momento.

Vieras cómo te sonrío, vieras.

Ahora mismo te extraño y espero que mañana sea mañana y no pasado mañana.

Las buenas noches cumplen su deseo cuando el buen día siguiente trae tu presencia.

Un poco chulo eso pero lo pasamos bien.

¡Ah! Que las peleas son simuladas.

El té, el café, el mate.

Que a propósito del té verde terminamos en el schop.

Jaja, el schop de a dos.

También que me dijiste que no le fuera a echar la culpa a la cerveza y se me olvidó forever.

Y eso que ni siquiera estábamos enamorados.

No pues, no.

¿Y cuánto rato después sí?

Que no te lleven lejos de mí porque no lo aguantaría bien.

Algo mal y un poco incoherente en realidad.

Ya sé más o menos de eso.

No puedes salir con si conozco a Buddy Holly y si me gusta.

No sé cómo oculté la verdadera reacción.

Tretas que no uso, no no no.

Pero el avance es el siguiente: sabes quién es Buddy Holly, ja. Como para anotarlo en mi diario.

Volvemos así al invento guitarra.

Debe ser porque eres el galán y yo la chica ésa que dijeron que éramos.

No hablo de John y Yoko por si acaso.

Del rock y por supuesto los rocanroles (el bailecito querido).

O de que en el bar aquel en Valparaíso te dediqué ese tema bacán.

Que no es del rock, sino de la bacanidad, pero lo apreciaste porque estás del lado de la bacanidad.

No nos casamos esa vez pero filo, fue excelente el paseo.

Con lo que te gusta pasear y a mí mejor pasear juntos me pareció.

De verdad, de verdad.

Yo estoy apreciando todo y siento que sucede por tu parte también.

Es simple comprender por qué contrarios, me quedaba esos viernes contigo en lugar de irme con él.

Para conversar o quedarnos callados.

Hacerte cariño, que me abrazaras un poco.

¿Dije ya lo de los besos?

Me acuerdo que en enero 25 dijiste muchos besos y así fue.

Muchos besos hasta siempre (o hasta que sea posible).

Las fresias.

Las canciones.

Los libros.

Los retratos.

Ya no tienes que sentarte a mi lado para medir mi desazón, tú mismo te la llevaste toda.

Estaba lánguida, estaba.

Tú eres capaz de leer mis secretos.

Tú vas a buscarlos.

Te he dado varios más después de tu osadía.

Tú has merecido mis secretos.

Y todo lo demás, que debería ser más.

2550, 315, 25, 20, 19, 244, 318, los números que quieras.

2, el dos es mi cumpleaños.

El 20 el tuyo pero ya lo anoté.

Los Flaubert, la dedicatoria apócrifa y la buena.

Te va quedando claro por qué contrarios.

Eres inteligente.

La no complicación, algo de relajo.

El mejor compañero de trabajo…

Estuvo bueno el 97 dije en el 2007.

Y la mardá.

Y el amor.

Así que bien, yo pensaba que eran contrarios, lo comprobé.

Por eso me tenías así.

Con las ganas tremendas.

De salir.

Corriendo detrás de alguien que no sabía qué pensaba, qué sentía.

Así que…

Ni siquiera te atrevas a preguntarme con quién me siento mejor.

Como no te atrevías a preguntarme quién tenía más…

La respuesta es la misma que la del agosto 25.

La misma, porque el tú de ese día es el mismo de hoy.

Te amo, respuesta definitiva.

Por eso.

Y tenía razón.

Eras un buen amor.

Yo lo imaginaba.

Pero al final eras mucho mejor.

Mucho mejor.



You really got me
Martes, Agosto 29, 2006, 11:52 pm
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Me acordé que con un loco al que amo mucho hueveábamos ratos largos con esa canción.

Él la tocaba, cantábamos y en la parte que repite you really got me agregábamos unos aauuuuuuh escandalosos, cada vez más escandalosos y largos que cortaban la canción en trocitos. Algo así:

“You really got me, ¡auuuh!

you really got me, ¡aauuuuuh!

you really got me, ¡aaaaaaauuuuhh!”

Alguna vez debimos haber grabado el jugueteo en un caset cuando aún existía la radio que primero era de mi hermano y cuando él recibió su radio con cd la heredé yo. Ahí nos juntábamos en esta pieza a hacer grabaciones y eso debe haber quedado, junto con las canciones y dramatizaciones del amor juvenil. Yo todavía dormía aquí así que es de larga data este recuerdo y ese hueveo. A veces los auuuh de mi hermano me causaban tanta gracia que los hacía una y otra vez hasta que ya no me lograba salir la risa de tanta hilaridad.

Acabo de acordarme de que en una ocasión de carácter amoroso el pasteleo de antaño casi me hace una zancadilla. Estaba recién andando con un galán rockero y él, muy ameno, pone un disco de The Kinks mientras estábamos en su dormitorio. Me pareció un detalle positivo, que disfruté como un ser normal hasta que sonó You really got me y yo no pude reprimir el aauuh absurdo.

Al instante me di cuenta de mi insensatez y miré al galán que me dijo: qué es eso. Y yo más ridícula aún le respondo: un aauuhh po… es que con mi hermano hacíamos eso. Pero no expliqué más porque morí de vergüenza. Al menos él ya conocía cierta faz pastel mía, sin embargo, algunas situaciones eran como nuevas. Pésimo detalle para el momento, pero pasó piola, en especial mi turbación por no aguantarme de hacer pavadas.
Y mi hermano se habría cagado de la risa si supiera que hice eso con un galán rockero. Yo estoy segura de que él se cuida mejor y no le anda haciendo aauuh a las nenas. Es que él también es un galán rockero, pero galán de verdad y no como el mío… aunque yo tampoco soy muy nena en realidad, jajaja.



Esencialidad
Domingo, Agosto 27, 2006, 1:19 am
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Sobre la pérdida de virginidad masculina:

“Yo cacho que de masturbarse tanto no les duele”.

Gracias a mi amada amiga K. por conducirme a estas profundísimas sendas del pensamiento.



Volvió el sing along.
Viernes, Agosto 25, 2006, 10:51 pm
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Había estado inactivo por casi dos meses mi podcast pero hace unos minutos lo resucité. Mi internet estaba más o menos entonces me costaba mucho subir archivos y aburrida dejé de intentarlo. Ahora ya vino un señor técnico a arreglar el asunto así que está disponible y actualicé, pronto habrá otra canción para compartir y con más detalles que la de recién.

Visítenlo aquí. ;)



Los veranos son tristes, como las primaveras
Jueves, Agosto 24, 2006, 11:11 pm
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20050418-eddie.jpgYa era hora de publicar el próximo recuerdo. Estaba haciéndome la ocupada y estudiosa pero tan cierto eso no es. Ahora entonces, como tengo tiempo, continúo. Pero como tampoco tengo tiempo decidí recordar a alguien que murió joven para no demorar tanto.

Si me conoce de alguna parte en la vida real conocerá que no siento total simpatía por los veranos. No es verdad que detesto las playas ni que no soporto la arena pegada a mi piel, pero me asusta tanto que llegue enero que de pensarlo ahora ya me comienzo a angustiar un poco. Creo que para este próximo estío más que otra cosa estoy ansiosa para ver qué pasa, pero nunca quiero hacerme ilusiones.

Había un tipo que en 1958 se le ocurrió crear la animada Summertime Blues (antítesis, sí). Así bien lolo, el guapo Eddie Cochran se puso a cantar sobre lo mal que lo estaba pasando en sus vacaciones porque sus padres lo querían hacer trabajar y él quería pasarlo bien nada más. Dijo a su jefe que estaba enfermo para faltar al trabajo y por culpa de eso los padres no le prestaron el auto para salir de paseo el domingo. Mal, mal. El tipo estaba triste, iba a ir a quejarse con las Naciones Unidas incluso.

No son así los problemas que me hacen dudar del verano, sin embargo, este tema es bueno para los momentos de summertime blues, ya que por último causa gracia. Lo que no es muy chistoso es el destino de Cochran.

Él nació el 3 de octubre de 1938 en Oklahoma City llamándose Edward Ray Cochrane y cuando tenía 10 años le dieron su primera guitarra. De todos modos él no sabía si quería que ése fuera su instrumento e incluso estuvo interesado en el trombón, pero en la escuela le dijo su profesor que no tenía la boca adecuada para tocarlo. Así se decidió por la guitarra.

Algo más grande (1954) y mientras vivía en California conoció a Hank Cochran, un cantante de hillbilly y que después se dedicó a hacer letras country, con el que tuvo una banda llamada The Cochran Brothers. A ellos les iba muy bien, por lo que consiguieron grabar unos temas (Guilty conscience y MF. Fiddle). En ese mismo tiempo Eddie conoció a su manager de toda la vida, Jerry Capehart.

Capehart fue quien convenció a Eddie Cochran de mudar de estilo hacia el rockabilly. Eddie terminó por resolverse durante un concierto de Elvis Presley y se separó de Hank para continuar una nueva carrera en el rock and roll. En 1956 apareció en la película The girl can’t help it junto con personajes como Little Richard, Fats Domino y su amigo Gene Vincent.

En el filme interpretó Twenty-flight rock, que sería también su primer single, aparecido al año siguiente. De todas formas su primer éxito éxito fue Sittin’ in the balcony, del mismo año y de ahí no paró hasta que se murió. Como ya dije, en el 58 apareció Summertime Blues y fue todo un hit. Ha sido versionada unas 40 veces y hasta en finlandés por el grupo Jussi & The Boys. Destaco el cover hecho por Olivia Newton-John y la versión de Cheech Marín. Es probable eso sí que la más conocida sea la que hizo The Who, ¿no?

Estaba el muchacho rubiecito gozando de su mejor momento y en medio de una gira por Inglaterra cuando le llegó su hora. Poco tiempo antes había sufrido con la muerte de Buddy Holly, Ritchie Valens y el Big Bopper (episodio ya recordado aquí, pero no por completo). Se había ido con Gene Vincent para allá y al fin se tomaban unas vacaciones, pero Eddie estaba preocupado.

Había sido invitado a participar a principios de 1959 del Winter Dance Party, la gira donde murieron los muchachos nombrados antes, pero se negó pues participaría de la cinta Go Johnny Go. Después de eso se quedó con la sensación de que si bien se había salvado de morir en el accidente aéreo que mató a su querido Holly le esperaba el mismo destino.

Le comentó esto a su novia Sharon Sheeley y no se equivocó, puesto que el 16 de abril de 1960 mientras viajaba en taxi junto a ella y a Vincent tuvieron un accidente. Sus dos acompañantes sobrevivieron pero él salió disparado del auto y se golpeó en la cabeza, muriendo al día siguiente.

Bueno, pienso y digo a menudo, “la gente muere”. El tipo pensaba que iba a morir y estaba muy afectado por la muerte de sus amigos el invierno pasado. Eso me parece triste pero normal, sin embargo, hay un detalle que me llama más la atención que su presentimiento fatal. Semanas antes de morir grabó en Estados Unidos Three steps to heaven, una canción en homenaje a Valens, Holly y Richardson. Lo curioso es que el tema fue un éxito, pero fue lanzado para los muertos una vez que el mismo Cochran también lo estaba. Macabro cantarle a los muertos cuando uno también lo está, eso es un springtime blues…



Explosionó*
Lunes, Agosto 21, 2006, 1:28 am
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Hace unos minutos me enteré de que el sol había explotado y que, por consiguiente, estábamos ya hechos fiambre. De manera muy oportuna, al concretar mi lenta conexión a internet esta noche, Jaime Rodrigo, compañero en casi todas las cátedras, me ha preguntado que qué había de nuevo y tuve que contarle del fin, pareciéndole a él extraño que no se haya dado cuenta, por lo que le expliqué que yo tampoco pude reparar en el acontecimiento que nos acabó de pronto, pero que una vez avisada lo que me quedaba, y desde ese instante a él también, era seguir con lo que ya había.

Me preguntó si me había fijado que estuvieron vendiendo libros en la universidad, afuera de la Facultad de Sociales. Él llegó aproximadamente a la hora en que nos fuimos al departamento de Ignacio y Vladimir. No. Llegó antes de que terminara el único bloque de Antropología que tuvimos, ya que como luego no apareció el ayudante, (el que se hizo el tonto cuando nos cruzamos en nuestro paseo por Providencia la semana pasada) nos largamos. De ese modo fue que no nos vimos.

Estaba a la venta Eugenia de Franval, y estuve a punto de ocupar tres mil pesos en él. Me contuve, no fue malo, pues por la noche vi que solo por gula hubiera sido, ya que en el libro grandote de de Sade estaba incluida la historia ¡e incluso ya la tengo leída! En el mesón lo cubrían poemas de Rilke. No sentí vacilación aun cuando los versos esos estaban dirigidos en supuesto a Orfeo; tampoco el precio entusiasmaba, del total del dinero que llevaba conmigo me habrían restado quinientos pesos y con tal monto no habría sido capaz de arribar a casa por la noche. No fue malo.

*Escrito en marzo o abril de 2004. Por algún motivo me parece un texto incompleto pero me llama la atención la presencia de J.R. A él también. Por supuesto también es curiosa la conversación surreal y de libros. También porque justo esta tarde me acordaba de nosotros entrando al campus hablando de Las Iluminaciones en esa misma época. También porque comprendo que hemos sido ñoños para relacionarnos desde el Paleolítico.



Sobre la paciencia
Domingo, Agosto 20, 2006, 1:12 am
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A Rodrigo.
Yo creía que era de los más débiles. Que yo era de ésos. Impaciente, inoportuna, impertinente. Quizás por eso se me quebraba todo. Tomaba algo y se rompía. Siempre digo que la paciencia la aprendí, en mi retiro o ya no me acuerdo cuándo. Una vez estaba echada en la cama antigua y miré el techo desolada, había unos bichos paseándose con soltura y pensé que era porque me secaba. Esperé, los miré, no se iban. Afuera, atrás, música pestilente. Yo más o menos me desesperaba.

Después vino ese octubre, esa tarde en que apoyada en una mesa de restorán barato y grasiento dije: “No más.” Parece que ahí fue que por experiencia acabé por aprender la paciencia. Por fortuna que sin ella habría acabado colgada de una de mis ocho paredes hace unos seis meses.

Ahí pasé el destierro y la espera. Tranquila, templada y algo ajena. Pero mejor, mejor. Me acuerdo mucho de lo feliz de reencontrarte. Las dos veces que te reencontré. Hoy rememoré más la segunda. Unos abrazos y propuestas que tenían que ver con lo que esperaba, pero tenía tanta paciencia y pérdidas acumuladas que si no hubieran venido ese día contigo yo no me habría arrancado los cabellos ni rasgado las mejillas. De plañidera me quedaba poco, ni siquiera había querido presumir de mis sufrimientos antes, ni modo que ante el suspenso que me dieras lo hiciera. Bastaba con tu sonrisa de nuevo, al final de la espera.

Hoy te esperaba, tomando el sol en el balcón, tendida en una cama después. Llegas con unas flores, quiero abrazarte más de lo que me permiten mis brazos enclenques. Eso en general, pero en particular esta tarde en mi puerta. Así todo en una escena torcida y rara, porque ya me imagino que hace un año articular eso en un pensamiento habría sido casi alucinatorio.

Aparece entonces mi buen amigo, el que es tan bueno, con estas flores cuyo olor me encanta. Lo abrazo y después huelo el ramo, sonrío y me juro. Más tarde le digo, le confieso avergonzada que una vez nos vi juntos y nos encontré estupendos. Cuando era mi buen amigo, antes de quién sabe qué artificio que nos transformó en esto que es exponencialmente más bueno. Porque claro, hoy eran cinco, si pensamos en el otro hito son siete, pero quizás cuándo sea que uno se une a otra persona.

Le bromeo: “Te amo desde la primera vez que te vi”. No, es mentira. Te amo desde que te amo. Pero capaz que hayamos estado juntos desde antes, me pongo mística, tengo algunas dudas, no puse mucha atención la última vez en que miré las cartas, antes de que se me perdieran.

Lo común entre ambos se fue multiplicando. Esa vez estaba con los dedos tan indecisos por culpa de mi cabeza. Había tenido esa buena tarde (ésa en el bar por la excusa de las papas fritas y mi gula infinita) y quería contárselo. Pero no encontraba el modo, quería decirle: “Estuvo bueno lo de hoy,” y no podía. No soy atrevida para ese tipo de cosas, me parecía decir demasiado y ni siquiera habría estado confesando que lo había pasado en extremo bien. Estaba con la paciencia para decidir mi mensaje cuando recibo el suyo, que decía: “Estuvo bueno lo de hoy.”

Gracias, por decirlo, porque yo también pienso que estuvo bueno esa vez. Y estuvo bueno lo de hoy. Me salvabas un poco de esas situaciones que me costaban más a mí. Porque tú podías decirme que deseabas alguien a quien extrañar y yo ni siquiera podía ofrecerme. Me ofrecí igual, soslayadamente, en-secreto. Gracias. Mi paciencia, mi paciencia, yo estaba esperando a que algo pasara aunque no tenía de dónde sacar las esperanzas. No sé por qué pensé que me las diste pero las recogí igual, del aire. Gracias, hoy cuando revolvía los huevos con queso te decía, que había sido impaciente pero después no. Llegaste armando un lío y en medio de eso puse a prueba mi paciencia. Pasó, pasó y así fue que hoy hace un rato estabas con tus manos en mis sienes tratando de aliviar mi jaqueca.



Sí, sí
Viernes, Agosto 18, 2006, 2:13 am
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rodrigo el rubio

Al final los rubios sí y todos más contentos que nunca aunque al principio era como para la risa.

Y ahora es una felicidad felicidad.

Disculpe que le mentí cuando le dije que los rubios no. No fue por engañarlo, fue una equivocación.

Y ahora a usted yo no hago más que amarlo. ¿Ve? Por la boca murió el pez pero revivió gracias a usted.