Hortensia


Sobre la hueona
Miércoles, Septiembre 27, 2006, 1:39 am
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“Y además no nos quería mucho,” dice Javiera.

“No nos quería nada,” digo yo.

No llames al paramédico de la alumna, serás la burla para siempre. No puedo decir que se le pase luego, porque lo dudo.



¡Por mi culpa!
Lunes, Septiembre 25, 2006, 11:43 pm
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Yo confieso que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Yo confieso que confundí a Chico Buarque con Mel Gibson.

Por mi culpa, por mi culpa, ¡por mi gran y maldita culpa!



Charol negro
Lunes, Septiembre 25, 2006, 11:36 pm
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A mi Karla.
Hay unos bocinazos grandes afuera. Ahora tocan campanas. Supongo que son los basureros. Cuando llegué ya habían puesto las bolsas de basura en la vereda y había un perro tratando de hacerse de algo. Nunca soporté mis zapatos de taco alto. Son de charol. Negro. Siento algo perplejo en el bajo vientre. Me iré de la oficina y luego al baño. Después al dormitorio y me llevo este teléfono. Suena una sirena de ambulancia ahora. Que nadie se haya muerto, por favor. Siento mi corazón fuerte. Ayer por la tarde tembló dos veces muy despacio. Yo me quedé tirada en la cam viendo cómo crecen las guaguas adentro de una. En unos días me toca expulsar mi no-guagua. No estoy seca ni vacía. Tengo los ovarios y el útero en suspenso. No me dan miedo las jeringas. No me da miedo ver mi propia sangre. No me da miedo ver mi propia sangre adentro de una jeringa. No me dio miedo la primera vez que me salió sangre de entre las piernas. Me dio miedo mi primera vez porque pensé que me iba a salir sangre de entre las piernas. Me dio miedo mi primera vez y me tiritaban las piernas. Me dolió. No quiero saber. Me da miedo. Tengo que saber. Todas las bullas de afuera se quedaron calladas. A la medianoche este teléfono canta una alarma incomprensible. Estoy inflada. Imagino que tengo un endometrio grueso y espeso. No tuvo uso. No podría tener. A ver si alguna vez tiene. Yo soy mucho más valiente que esto. El veneno no me cura de eso. Voy por el veneno.

Mis padres se acostaron. Fui por mi amiga. Azul dice que es. Le respondería azul yo también. Azul. Alguien bate algo en otro departamento. O quizás sea el camión basurero aún afuera. Se va un motor de camión. El Jaberin se está muriendo. Cuando llegué había cuatro poodles insulsos. Me parecieron un exceso. Mi Jaberin se está muriendo. Quedará enterrado en el patio. Ayer no pude pasar a abrazarlo. La Susana y el Simón saltaban mucho y no me lo permitieron. Solo nos dimos una oteada. Cuando dejó de mirarme también le di una lágrima. Jaberin se muere. Perrito de charol.

A mi amiga no le gustan mucho los chocolates. Mi amor por ella se mantiene a pesar de ello. Tomábamos Yuz de naranja de lunes a jueves a la hora de almuerzo. Los viernes salíamos a las dos y no almorzábamos juntas. Le envolvía la cabeza con su bufanda negra para que no le dolieran tanto los oídos en el invierno. Le escondía la tira de ibuprofenos en mi mochila porque no la quería adicta. Pero la amo. Unconditional love. Interlengua. Fui donde mi amiga. Ella entiende. Ella siempre entiende. Desde que nos topamos hace seis años en la fila del casino Sodexho y me dijo que pensaba que yo era más viva. Yo nunca fui buena con los muchachos. Lo hemos repetido todo este tiempo.

Cómo te sientes. Rara. Gracias. Eres la que me pone atención y viceversa. Por tu amor cualquier cosa. Me gustaba tu pelo negro. Negro puro. Como de charol. Tu pelo negro de charol negro. Largo y acariciable. Tú no querías teñirlo y yo lo oscurecía pero no podía ser como tú. Te quería tanto. Nunca me arrepiento de no haberte tenido más miedo. Nunca me arrepiento de quererte tanto. Fuiste lo más lindo esa noche en la playa. Fuiste el abrazo más lindo. Siempre me gusta abrazarte. Me gusta decirte ten cuidado con esto y que tú me digas ten cuidado con esto otro. Cuando te veo te abrazo. Cuando no te veo también. Todos los días te amo.

Gracias por ayudarme siempre a tener menos susto. Aunque me paré al baño y me temblaban las piernas. Siempre somos un poco duras la una con la otra. Nunca fuimos las más lindas y menos fuimos las más simpáticas. Aunque tú postulaste para ser la más tierna. Tenemos que decirnos las cosas y molestarnos. Nunca me has tenido mucha fe con los jóvenes. Yo estaba orgullosa de que fueras tan bacán. No me molesta que vengas a acurrucarte cuando te sientes atacada por todos. Yo estoy aquí. Me gusta querer salir arrancando y tener a dónde. Aunque tenga que hacerme pasar por chancho para que me quieras. Yo sé dónde estás.

Me dices que cómo estoy. Digo enlíada y listo. Siempre quiero serte sencilla y sincera. No aburrirte con largas historias. Que no te dé lata leer. Para que me sigas queriendo. Sabes por qué pongo tantos puntos. Porque así me enseñaron a escribir en esta nueva escuela. Ya no soy de la vieja escuela de Lésmer. Me gustaría seguir siéndolo. Como tú, como la hermana y como la del tacto social. Las de la vieja escuela. Las de mi vida. No estoy así porque me va a llegar la regla. Estoy así porque no me arrepiento nunca de haberme sentado a tu lado. Yo te quiero todos los días del año. Porque nunca me has faltado. Porque te tapas la cara cuando te ríes y yo me río con el hocico abierto sin vergüenza. Porque ya nos hemos regañado, frenado, alentado y animado tantas veces. Tus veces conmigo son incontables. Como esa vez elegante en que yo usaba mis zapatos de charol negro y tú con ese vestido de princesa te tambaleabas. Yo te amaba igual. Tú me amabas igual. A ver si me los pongo y cuando lo haga me acordaré de ti. Siempre. Siempre.



Me gustó
Lunes, Septiembre 25, 2006, 1:21 am
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En honor al caluroso 25 de enero y al amor que entonces conocí.

Me gustó que preguntara si era por las Iluminaciones. Me gustó que sus sospechas fueran ciertas. Me gustó que me tomara por la cintura y me diera el beso que yo no le daba. Me gustó que me dijera: “Vamos al auto y nos damos muchos besos”. Me gustó que fuera la última oportunidad. Me gustó soñar con que éramos novios. Me gustó que me tomara la mano y le dijera a la gente que nos íbamos a pololear a los pastos. Me gustó que me aclarara que no estaba enamorado de mí. Me gustó que me preguntara cómo lo íbamos a hacer en marzo. Me gustó que encontrara falsa la modalidad de saludo que propuse para entonces. Me gustó que me espiara los secretos. Me gustó que casi se riera de mí diciendo: “¿Y ya no somos amigos acaso?” Me gustó que me calmara diciendo: “Ya, mujer, si no va a pasar nada, relájate.” Me gustó estar en la librería un buen rato. Me gustó aceptara acompañarme a esas papas fritas que se me antojaron cuando ya casi llegábamos a la parada de la micro.

Hacía mucho calor y yo me había dado una ducha fría antes de salir. Llegué justo a la hora a pesar de haber hecho escala en el centro. La 244 me llevó presta al encuentro y cuando iba a cruzar la calle lo vi. Estaba bajo un árbol, buscando una sensata sombra aunque ya eran las seis de la tarde. El calor no iba a menguar jamás. Me hizo una seña, levantó la mano y me saludó como para indicarme que estaba ahí. Después siempre que paso miro bajo el árbol y lo recuerdo con la polera desteñida, los lentes de sol y los pantalones favoritos (míos) agitando el brazo. Ahí estaba y me debe haber dado algo al estómago porque algo de trascendente tenía esa cita. Era la última y si en las anteriores no había sucedido mi estómago tenía que avisarme que era la última chance. Que si ya daba todo por perdido al día siguiente eso ya sería definitivo.

Apenas lo saludaba y realiza el ademán ganador. Extrajo del bolsillo las llaves del auto. Fue presenciar y morir. Creo que le dije: AAAAHH (así como se diría: “La que AAAHH”). Un ah similar a ése, un ah de leseo. Pensé lo peor, pensé lo mejor, no sé, pensé puras huevadas en realidad porque en ese tiempo andaba experta. Me gustó que hiciera eso, me gustó porque es un tipo gracioso y me gustaba más que fuera así. Me gustó porque la pasábamos muy bien juntos. Me gustó, claro, si no no habría estado saliendo con él.

De eso ocho meses y bien, muy bien. Nos desperezábamos en el verano, nos acompañábamos, nos poníamos excusas para hacerlo. Esas cosas se acabaron, aunque en el día que casi se termina para mí hizo bastante calor y no lo vi. No importa, mañana nos podremos reír de que hace ocho meses hacía mucho calor y hacer el comentario de la polera rosada desteñida y empapada. Reírnos de varios otros detalles, imagino que todos lo suficientemente importantes como para que ahora tengamos la oportunidad de recordarlos juntos. Porque claro, no estábamos enamorados pero me pedía que no me cortara el pelo, me halagaba la guata o falta de ella, calculaba cuánto faltaba para volver a encontrarnos (y nos parecía que era tanto pero no era desesperanzador) y quería saber si él era “el niño que me gustaba”. Y era él, si no, no habría estado con él esa noche sino con otro.

Yo a esas alturas no tenía tiempo qué perder, porque ya no tenía nada qué perder, sino puras cosas por ganar. Y las obtuve sin pretenderlas y hay que ver qué rápido ha pasado el tiempo sin que lo imagináramos entonces. Y mira que me iba a dejar tirada en alguna calle a esa hora y no lo hizo… ¡debió ser una señal! Le agradezco la invitación urgida a última hora, la conversación, las cervezas, los besos…

Me gustó esa cita. Me gustó él. Me gustó nosotros y lo mejor es que a él también.



Conversación escrita
Sábado, Septiembre 23, 2006, 1:34 am
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-Mañana qué haremos.

-No lo sé.

-¿Cantar?

-¿Quieres cantar?

-Podría ser.

-Bueno, sí. Yo no le pego mucho al canto, pero le hago empeño.

-Sí le peeegas.

-Jajaja, era para hacer esto más lúdico.

-Jajajaja.