Hortensia


El gusto bonito
Martes, Octubre 31, 2006, 12:59 am
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De repente a uno le da con que le gusta alguien. Puede incluso ponerse a pensar en eso mientras viaja en la micro Transantiago cuando hace tanto calor. Incluso sin saber si se comía o no las ligustrinas de su antejardín durante la infancia. Un dos tres, maldad. Belicosidad diría un caballero que nos enseñaba muchas cosas. Después se convierte en un gozo tener unidas las mejillas, ese momento tibio imponderable. De lo espléndido que es poder tomar todo lo magnífico para ponerlo en unos hombros, un mechón de cabello o un poco de sol que cae caprichoso para embellecer algo que ya era bello. Una especie de exceso. De repente a uno le da con que le gusta alguien y tiende a ruborizarse cuando te cazan en que solo hablas con esa persona. Orgullo menos para uno, orgullo más para quien te gusta. Que hay mucho para compartir. El viento de esta tarde me puso los brazos helados. Nos abrigamos, nos sentamos, nos abrazamos. Te permito y me permito compartir contigo ese lugar. Es mío pues. Por eso esa noche pasamos y me permití una risita simplona. Supuse y un poco deseé que acabáramos en el futuro sentados ahí, abrigados abrazándonos. Amén que cuando a uno le da con que le gusta alguien se corre el riesgo de comprobarlo. Sí, hubo de gustarme más que su forma de reír y de articular las palabras.

Yo digo todo esto porque conocí a alguien que de pronto pensé que me gustaba. Y creo que uno podría pasar por esto con cualquier persona, después viene la comprobación. La tuve. Ahí viene que uno podría enamorarse de cualquiera también, pero hay que dar cierto pie que uno no da si no se siente a gusto. Uno de los gustos más grandes que yo tengo es el de tenderme y las siestas. Yo dormí con el joven y empecé a ansiar más que las pocas cosas que esperaba cuando lo empujé a una decisión sobre lo que habríamos de hacer antes de que se terminara el mundo. Yo esperaba tantas cosas. Realmente no esperaba tantas cosas, no tantas cosas como las que he obtenido. Es que todo fue de repente, solo alcancé a ansiarlo a él, ninguna otra cosa. Pero es cierto que le dije que esperaba tantas cosas y él desesperó con eso y ejecutó. Después vino que nos enamoramos como por ley sobrenatural. Y no esperaba TANTAS cosas, siendo con esto un poco insensata que esperándolo a él debí suponer que era mucho lo que recibiría. Bonito que de repente me diera con que me gustaba el bonito.



Tres cosas, de la pesadilla
Martes, Octubre 24, 2006, 11:26 pm
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Tuve una pesadilla. En la anterior discutía con una amiga y me sentía muy incómoda a pesar de que nos hemos pasado más de una década en pugnas por distintos motivos. Cuando la vi en el periodo de vigilia le tuve cierta reticencia irrefrenable. La pesadilla de la noche pasada la superaba de lejos.

Para ponerse a escribir de bestias nocturnas hay que tener gónadas, y yo por estos días las tengo hinchadas. Soñaba que estaba con uno de mis amigos y uno de sus mejores amigos paseando por mi supermercado vecino, entonces me llamaba mi enamorado, con el que por algún motivo discutía. Cierta descoordinación nos había hecho no encontrarnos, pues yo lo esperaba en el supermercado y él aún estaba en su casa. Dejé a mis dos acompañantes y comencé a caminar por la calle mientras conversaba por teléfono con el joven del que me enamoré. De pronto vi a mi alrededor y me encontraba en los dominios de la bestia, me aterroricé y comencé a correr para salir de ahí cuanto antes.

En eso le decía a mi amado que no podría verlo porque estaba en una emergencia y que hablaríamos después. Corría y no quería dejar de hablarle, pero la llamada se cortó porque al teléfono se le agotó la batería. Me sentía desolada, llegué a una esquina cuando al fin ya estaba en la calle y encontré una especie de panadería. Quise usar el teléfono público que había ahí para ponerme de acuerdo con el príncipe y conseguir reunirnos ahora que ya estaba más tranquila. Puse una moneda y olía muy fuerte a pan. Metí la moneda y marqué apresurada, quería irme de ahí, todo me parecía peligroso. Contestan, contesta su padre y le pido que me comunique con él. Siempre saludo, no en ese momento, tenía apuro. Lo siento, señor. Escucho que mi amado me dice aló, se corta de nuevo la llamada y oigo la voz de la bestia diciendo a quién llamabas.

No me volteé de inmediato, tenía unas manos sobre mis hombros y temí lo peor. Miré hacia abajo y reconocí los pies de la bestia, su ropa. Ahí estaba y tenía su signo, creí que me acababa pero me puse fuerte y dije a la dependienta y a dos compradores de la panadería éste viene a hacerme daño, que me suelte, ayúdenme. La vendedora me dijo que tiene que defenderse sola, tome esto y me dio una tabla de masisa. Uno de los clientes tumbó a la bestia y yo dije páremelo que así mismo le tengo que dar. Y le di, le di en el pecho con la tabla, le di varios golpes, rápidos y seguidos hasta que la bestia se tumbó. Le decía ya no te tengo más miedo y uno de los clientes le piso el estómago, yo quise darle más pero le vi su cara de bestia terminada.

No tenía más los ojos abiertos como cuando era realmente la bestia. Ahora solo se arrugaba, retorcía y quejaba. Yo ya no le tenía miedo pero tampoco compasión, así que le dije de nuevo ya no te tengo más miedo, no, no más miedo. Y si me hubiera abierto los ojos en su actitud violenta de antaño yo no me hubiera inmutado y le hubiera repetido que ya no te tengo más miedo te dije mierda. La bestia en el suelo tenía tierra y hojas secas pegadas a la ropa. Yo lancé mi tabla sobre su cuerpo y le dije entiende que ya no te tengo más miedo. Me fui caminando por esa avenida sucia y desagradable. Pesadilla mutante que me hizo hasta despertar tranquila. Hasta tengo cojones para contarla, porque a la bestia ya no le tengo miedo y cuando no me pude reunir con el enamorado todo acabó saliendo bien. Lo más malo de la pesadilla es que la había olvidado hasta que en la micro de hoy vi a un sujeto igual a la bestia, sujeto que me causó mucha incomodidad, muchísima. No le tengo miedo más a la bestia, pero tampoco sé qué le tengo.



Músicas
Jueves, Octubre 19, 2006, 10:47 pm
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Portishead, Hepcat, los Rolling Stones, los Beatles, Macy Gray, Bob Dylan, Don McLean, Neil Sedaka y Barry Manilow.
Si fuera a un motel, me gustaría poder escuchar esas músicas, todas ellas.

Cosas como AC/DC preferiría que quedaran fuera de la habitación y tal vez oiría fragmentos de Roxette, 31 Minutos, Tarkan y 50 Cent.



Desafiante
Lunes, Octubre 16, 2006, 11:57 pm
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¡Y que siga lloviendo! Yo no tengo problemas para continuar escribiendo.

Si total ya me mojé toda, si total ya me sequé, aunque no lo crea, pasaron las dos cosas a la vez.



Tres esa vez
Lunes, Octubre 16, 2006, 11:54 pm
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Tres

Un, dos, tres.

Tres mechones de cabello

Una porción de papas fritas

La cerveza

Yo soy un poco bruja

La polera celeste, el plan

La pócima mágica

Palabras mágicas, el conjuro

Te saqué pelo una vez en que descansábamos

Ya imaginarás dónde

Lo eché a la olla y

por el estómago caíste

Papas fritas y cerveza

Con mi evidente y continua falta de fe

has de suponer

que este supuesto plan y hechizo

no tiene ni pies ni cabeza.