Hortensia


Otoñal y domingo
Domingo, Abril 22, 2007, 12:57 pm
Guardado en: General | Etiquetas:

Me abrigué, saldré a comprar carne para preparar el almuerzo. También me abrigué porque no me gusta pasar frío cuando estoy en la casa. El otoño vino de nuevo, ando pisando hojas callada o medio cantando cuando voy camino a su casa. Canté muy bien en la ducha esta mañana. Tembló ya dos veces este día, pero fue más fuerte en la madrugada. Algo soñaba pero no tenía que ver con el temblor. Tengo puesto un chaleco grueso que me tejió mi madre. Este año aprendí finalmente a tejer y eso me satisface después de tantos intentos.

Es domingo y no fui a misa. Nunca voy a misa. No soy religiosa. Me levanté poco antes de las diez y desayuné huevos con té que me dieron para mi último cumpleaños. Iré a comprar carne para preparar el almuerzo. Luego vengo y pienso seguir escribiendo algunas cosas más, para que no se me enfríe ni la cabeza ni los dedos.



Paracaidismo
Lunes, Abril 16, 2007, 10:32 pm
Guardado en: General | Etiquetas: ,

Estábamos de noche en el rancho del Cabo Polonio durante las vacaciones en Uruguay y yo le recité a A. unos cuantos cantos de Altazor. Estábamos bebiendo el vino suelto rosado, dulce, suave, levemente arrebatador. Yo tenía sueño desde antes de beber y un poco me reanimé en lugar de aletargarme más con el vino. Le leía y luego le destacaba a A. que la vida no era más que un viaje en paracaídas y no lo que él creía. Después, hicimos una canción que contaba sobre el viaje mismo. Todo es el viaje siempre, el viaje y el amor. La canción hablaba del viaje, del nuestro, y hablaba del amor, del nuestro también.

Todo el asunto con respecto al viaje y el amor comenzó en tercero medio, que fue también cuando se nos dio a conocer Altazor en las mercedarias. Luego yo he pensado mucho en ello, en que la vida es un meta viaje y es muy probable que sea en paracaídas. Hoy quise vacilar con respecto a eso durante un momento, sin embargo, me mantengo en lo que he pensado durante ya varios años. Uno viene a la vida nada más a esperar la muerte y hay que hacerlo de la forma que uno estime mejor. No vaya a ser que de repente se le acaben los días a uno y parezca como si nada hubiera sucedido.

Tengo todos los días para quererlos, a todos, de todos los viajes. Ayer terminaba de leer un libro que A. me dio en Navidad y ahí estaba también Henry Miller apuntalándome. Tenía un problema en la aduana para ingresar a Inglaterra y después se ponía a pensar en que todo lo que hacemos es viajar, y que la Tierra viaja con nosotros y tal, viaje viaje viaje. Todos son viajes, la travesía del verano junto a A. por el río de la Plata y la costa uruguaya, la travesía junto a A. para venir desde el campus a mi casa esperando el alimentador una considerable cantidad de minutos, el viaje al metro por la mañana junto a mi tía en su auto, la caminata breve hasta la puerta para ir a recibir a mi padre, todo es viaje. Todo es viaje infinito de la vida a la muerte.

Mi madre celebraba el otro día que A. gustara tanto de pasear como yo. Lo celebro también y creo que puede entenderme cuando me pongo a decir todas estas cosas aunque él no se tome con tanta paz el viaje hacia la vejez que lleva a la muerte. Yo pienso en Carontes y Cerberos y Perséfones y ya todo me molesta menos. Pienso en que todos mis viajes me llevan bien en mi caída vital. Me preocupa en este momento que todos en este hogar resistamos bien el golpe de la caída de mi abuelo. Y eso viene.

Yo acepto medianamente bien los asuntos de la muerte de otros. Y de la mía también, ya estoy lista porque todos mis días quiero pasarlos viviendo antes de darme el porrazo final. Luego de la muerte de mi bisabuela hace 8 años me empecé a convencer de estas cosas. Y casi le habría dicho a mi madre: “La gente se muere,” a modo de consuelo si no hubiera sabido que no habría aliviado su angustia sino que habría desatado un enojo. A mí me parece bien, me parece razonable y por ello también repito como Altazor que no hay tiempo que perder. Y así, cayendo cayendo aprovechando el tiempo, viajando para dónde haya que ir, estaré hasta el último viaje. Y por ahora, muy dispuesta a acompañar a mi abuelo en el suyo, casi me desanimo, pero lo confirmo, me mantengo.

Y la vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú piensas, así que no hay tiempo que perder. Y más allá del último horizonte, se verá lo que hay que ver.



Solsticio
Domingo, Abril 15, 2007, 10:44 pm
Guardado en: General | Etiquetas:

a. en Cabo PolonioSe me ocurrió que podíamos salir a ver el mar. De la mano o abrazados. Corría el viento. A veces yo no veo muy bien, pero tengo muy buen olfato. El estómago se me revuelve cuando me resiento. Esa mañana no fue así. O era la madrugada, tal vez. Salimos juntos, yo no quería un compañero cuando él llegó a mi lado. Vino de noche, movido por un céfiro tórrido cayó justo en mi cintura. Yo, resignada y complacida, lo dejé retozar en mi pecho para siempre. Para siempre que es lo que tenga que ser, lo que vaya a ser. A veces me he sentido como Penélope, otras como Calipso, no he querido sentirme como Helena. Tengo mis estaciones, vivo por temporadas y el estío en su último paso me dejó más flores que cualquier primavera. Guardé la última flor en un libro blanco. La flor era blanca y se ha puesto amarillenta. No tiene más de un mes y ya se quiere quedar inmortal entre unas páginas amorosas de palabras apasionadas. Yo paso, vivo para esperar el verano, vivo para que me llegue algún día la muerte y no morir la espera.

Aprendí la paciencia de tanto desesperar. No sabía tejer y me enredaba los cabellos por tanto desesperar. Me recuerdo un verano tendida en mi cama, sola porque aquél se había ido. Me recuerdo otro verano tendida en mi cama, nada más sola. Me recuerdo otro verano tendida en mi cama, él se había ido sin embargo no sola. Ahora que sé tejer no necesito pasar más ausencias. Me recuerdo de otro verano, el último, tendida en nuestra cama, con él. Luego nos levantábamos e íbamos a mirar el amanecer en el mar. Ése es un momento interminable que conservo. Atrapado. Nunca dejamos de mirar el amanecer, el sol viniendo a consolarnos desde el océano. A persuadirnos de la vida y su conveniencia, aunque fútil, conveniencia al fin. Cuán conveniente fue verlo aparecer muy atlántico mientras yo estaba al lado de él. Persuadida al fin me regresé al hogar con el sol para siempre conmigo, para siempre así como a él que lo dejé retozar para siempre en mi pecho. Y dormitar, y soñar. Fue inevitable, yo no lo quería conmigo, no por ser él, sino por no abandonarme y no ser Penélope, ni Calipso, ni Helena. Mas fue inevitable, todo a él le ha sido permitido y puede tomar cuanto quiera. Para siempre que es hasta cuando sea, hasta cuando vaya a ser. Conocía antes lo que era un equinoccio, yo florecí un mes después del solsticio de verano. Las hortensias son así. Florezco.

Se me ocurrió que podíamos salir a ver el mar. De la mano o abrazados. En la esquina ésa cuando ya estaba anocheciendo. No lo había decidido aún, pero con seguridad se me ocurrió esa noche, como todo lo demás. Que lo intuí todo, quizás, que mi buen olfato y todo lo demás. Se me ocurrió eso que contaba sobre el mar, un mes después del solsticio de verano y un poco más, también se me ocurrió que para siempre, hasta cuando vaya a ser, nos podríamos amar.



El hito y la buena fortuna
Domingo, Abril 15, 2007, 10:19 pm
Guardado en: General | Etiquetas: ,

Y yo le pregunté en el café desde cuándo estábamos juntos. Y por suerte estábamos juntos desde el mismo día.



Cántame
Viernes, Abril 13, 2007, 10:18 pm
Guardado en: General | Etiquetas:

Para A.

Cántame lo que te sepas, aunque sea un verso.

Yo te voy a escuchar con toda la atención, lo prometo.

Si te pido, cántame, aunque sea un pedacito.

Lo estoy pidiendo de corazón, hazlo, por amor.

Un poquito, para escuchar tu voz.

Un poquito, cuando haya silencio y quiera de ti una canción.

Cántame lo que te sepas, por favor.