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El viernes pasado fuimos a Las Lanzas después de clases. Con Rodrigo terminamos nuestro trabajo y dejamos unos libros en la biblioteca de Filosofía. Ahí nos encontramos con Tornini y los tres nos fuimos al café.
Esperábamos a que llegara Javiera Plaza (mi otra amiga aparte de Claudia, la Tornini) y de repente Claudia nos hace la mejor pregunta: “¿Y qué van a hacer este verano?”
(Pregunta que ha de haberle venido como evocación del verano pasado. Verano que nos llevó a los Buenos Aires, las Colonias del Sacramento, los Montevideos y los Cabos Polonios).
Y con Rodrigo respondimos al unísono: “TRABAJAR”.
La paradoja viene aquí: este verano vamos a trabajar. El año pasado en esta época andábamos haciendo trabajitos temporales para poder irnos a nuestro paseo (Simce-Pizza Hut). Este año andamos buscando trabajo y en medio de esa tarea, en la entrevista con la gente (buena gente, así que si leen, ¡un saludo! Jajaja) de la Revista del Domingo, vine a hacer la propia evocación del paseo, enfocado esta vez al trabajo. ¿Cómo es?
*Otra paradoja se presenta cuando en la fotografía que acompaña esta entrada aparece Rodrigo trabajando para la supervivencia en el Cabo Polonio, cual Paris en The Simple Life. El máximo esfuerzo del verano: sacar agua de la cachimba para cocinar, bañarse, lavarse las manitos… jamás beber .
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El atolón es el capricho del coral.
Para que se bañe ahí: yo.
El atolón es el espacio
entre el coral y mi corazón.
El atolón es un buen lugar
mejor que la casa o la calle
me fui para el atolón.
Anoche.
Dije mi oración
y me fui al atolón.
Capricho del coral
capricho para: yo.
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Llegó el verano a Santiago de pronto, con 30ºC. Rodrigo se fue a cortar el pelo después de clases y me pidió que lo acompañara. Fuimos en busca de alguna peluquería en Irarrázaval y pasadito de Santa Julia nos encontramos con “Peluquería Carlos”, especial para hombres se me ocurrió, pues decía que hacían “arreglo de barba” y otros asuntos masculinos.
Entramos y estaba Carlos hablando por teléfono. Era como un gran living con una tele donde daban Sala de Parejas. Yo me senté justo atrás de la zona de corte de cabello y el señor peluquero después de un ratito le empezó a decir Rorro a Rodrigo (y yo le dije Rorro como a los 2 años y medio de conocerlo). Entre que me reía por las cosas del caso de la doctora Polo y por los comentarios de Carlos, vi cómo Rodrigo perdió su cabellera calurosa para volver a ser un jovencito de bien, lo que me enternece en profundidad.
Cuando Carlos comenzó a cortarle el pelo a Rodrigo, yo amenacé con tomarle fotos pero él me pidió que no. Así que se perdieron las imágenes de ese momento tan interesante y más que nada, de Carlos y de su peluquería para hombres. Al final el barbero le quiso emparejar las patillas a Rodrigo, pero él le dijo que no.
Salió $2.500 y lo pasé regio en ese ratito. Yo que tiendo a pagar casi cuatro veces esa suma y me demoro horas y horas por esperar que me llegue mi turno con Hernán, me sentí complacida por la celeridad y por el carácter de trámite que Rodrigo le dio a su corte de pelo. Eso es porque todavía tiene pelo y tan lindo que ni sufrí de verle caer sus mechitas de oro al suelo de la peluquería, porque queda guapito igual con el pelo corto y me acuerdo de cuando me gustaba, jajaja, antes, cuando era un jovencito de bien con el que compartía las cervezas, las papas fritas y la amistad. ¡Hace dos años! Y yo le miraba su frente cuando se corría la chasquilla que se le iba encima y todas esas cosas que le miraba en ese tiempo.
Hombres, vayan a Peluquería Carlos de Irarrázaval con Santa Julia, pero cuando Carlos les diga: ¿Cómo te vas a producir? Da como lo mismo, porque aunque le digan que así nomás les hará un peinado aerodinámico como el del Dicaprio en la foto. Así quedó Rodrigo y se salvó de que hubiera aceptado no tomarle fotos, pues de haberlo hecho estaría el de cabecera de la entrada y no Leíto.
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Cuando yo escribí la canción Mburucuyá por ahí por marzo estaba pensando en el fin de semana seco que pasé en Mantagua en enero del año pasado. En eso y en Rodrigo, que ahora usa de nickname “Emburucuyá”. Esa vez estaba en la orilla de la quebrada mirando las flores de la pasión, o pasionaria, o mburucuyá. Las olí y tienen ese aroma que un poco arrebata y pensaba en que no estaba con él.
Tanto después estábamos en el terminal de buses de Retiro en Buenos Aires. Vendían pasajes para ir a Mburucuyá, que luego vimos en Google y era un sitio bello en Argentina. En esa misma búsqueda Rodrigo se dio cuenta de que era una flor. Me la mostró y yo le dije: ¡la pasionaria, la flor de la pasión! Le conté la historia. Que la olí cuando quería estar con él y esperaba que me llamara mientras me pasaba ese fin de semana en Mantagua y nada. Que quería estar con él de nuevo. Como diría mi amiga Karla y como decimos a menudo con las cosas que nos suceden con Rodrigo: “Debe ser una señal.”
Reuniendo todas esas coincidencias, me puse a escribir. La canción mezcla todo eso. Mi historia que lo evoca cuando estoy oliendo la flor. Un viaje mágico a Mburucuyá, como lugar muy ideal. La flor, el fruto y él. Ahí es cuando hice el desplazamiento y en el coro, el hablante lírico o el cantante, o sea yo, le dice algo a Mburucuyá, y cuando yo le escribí esos versos apelativos a Mburucuyá yo pensaba en Rodrigo. Rodrigo que ahora es Emburucuyá ya lo había sido antes en la canción.
Mburucuyá le gusta harto también a Rodrigo y yo creo que cuando recupere la voz que la primavera me mermó, será la canción sensación. Si Rodrigo no pudo ser Mburucuyá y solo Emburucuyá fue porque ya estaba registrado el nombre en Blogger aunque no había una sola entrada en ese blog. La cosa es que acabó haciéndose usuarios en distintos servicios web con ese nick, y tal como yo soy la Hortensia, él es el Emburucuyá.
Emburucuyá en internet y en la canción. Hoy es 19 y cumplimos un año y siete meses de noviazgo. Desde que me hizo la preguntita sobre ser pololos y le cargaba decir eso y ahora le encanta. Ya había pasado todo lo que nos separaba, ya había estado yo en la orilla de la quebrada oliendo esa flor que tenía el olor de esa noche ya extraviada y me hacía pensar y desear estar con él. No es porque sea de nosotros, pero Mburucuyá es un hermoso tema y como nunca hago, pondré la letra a continuación y espero que no muy muy después la pueda compartir en forma de canción, por Los Inquietos.
Saludos a mi amado Emburucuyá, la canción dice lo que eres para mí. Te amo.
Mburucuyá
(El próximo éxito de Los Inquietos).
La flor la olí en la orilla de la quebrada
Tenía el olor de esa noche ya extraviada
Por mi pasión la tarde toda te esperaba
Mas el olor-aurora de mburucuyá me ilusionaba
Visión de aire tuya el aire tórrido paseaba
La nube de abejorros mi esperanza se llevaba
Confieso que eras tú, Mburucuyá, lo que esperaba
Fruto de la pasión desde tu boca yo anhelaba
Dame Mburucuyá tu risa y suerte
En ensueño apasionado quiero convencerte
Mburucuyá eres mi vida y muerte
Si vienes hacia aquí voy a tenerte
Una magia nos llevó a Mburucuyá
Oh, tan dulce y estival era el lugar
Colmado el aire tibio con tu mirar
Soñé en jamás de ahí escapar
Dame Mburucuyá tu risa y suerte
Sabe que con pasión voy a quererte
Mburucuyá yo soy tu vida y muerte
Quedémonos aquí para quererte.
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Me gusta Rodrigo porque aparece con cosas que me iluminan el día.
Estábamos después de haber tomado el té en mi cama y le leí unos poemas de R. Desnos. El motivo se resume en el primer verso: “Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.”
Y cuando terminé de leerle le pregunté qué había entendido, por molestarlo un poco. Me dijo: “No me haga pruebas, sí entendí.” Luego agregó: “Se trataba de alguien que tenía mucho sueño siempre.” Le dije: “Como tú.” Me dijo: “Sí.” Le bromeé: ¿Tú tanto sueñas conmigo que yo pierdo mi realidad?” Respondió: “Sí.” Pregunté: ¿Te sientes identificado con el poema entonces?” Y por supuesto dijo: “Sí.” Después de eso me enamoré. Cuando Rodrigo tiene sueño yo me muero de amor por él pues no hay nada más dulce.
Lo molesté un poco más diciéndole que si aún no despertaba de su siesta y si no sabía si era la realidad. Me dijo su: “No me moleste.” Y eso también me iluminó el día, mucho mucho más. Y le hablo cosas como: “No porque tus ojos te combinen con el chaleco y te veas tan bonito te voy a aguantar todo,” pero eso no me lo creo ni yo y ahí Rodrigo regalonea como nadie. Me gusta Rodrigo, se sabe, aunque sea un remolón flojito dormilón, me gusta igual.
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Muy contenta por la aparición de la misteriosa perrita en la casa de Rodrigo, me puse a buscar imágenes de cachorritos. Aún no conozco al animalillo en cuestión pero ya lo quiero y espero poder besarlo y abrazarlo pronto. Lo que sí me sucedió cuando lo vi fue un cierto temor porque a la baby la encontré una futura mujer muy grande. Su máscara negra en el hocico me hizo pensar todavía más en eso. Ahí es cuando recuerdo que los perros comen más que uno y más caro, y también recuerdo a la propia madre de R. diciendo que por lo mismo no había mascotas. Por ello rechazó a los múltiples gatos que las hermanas de R. siempre querían adoptar.
Ahora puede estar a punto de enfrentarse a la prima de Scooby Doo (que no es el mismo desafío que Misterio o Campanario, los gatos) y con un ser así la cosa se pone dura. Pero por ahora la perrita está hermosa porque todo cachorro tiene su encanto. Yo que amo los perros me puse tan feliz que los vi en internet. También quise encontrarle a la rescatada por los Alarcón López un símil (de nuevo en los perrotes), y de paso enamorarme de casi todos los canes que vi.
En medio de la búsqueda encontré un sitio que conocía desde antes pero había olvidado. Lo recomendaré de todo corazón pues te hace crecer el amor por los perros exponencialmente. The Daily Puppy es una especie de blog, más bien un diario, con cachorritos bonitos de todo el mundo. Su “familia” nos cuenta sobre ellos y nosotros los vemos y hacemos: “¡Aawww!” Vi muchos perritos y quiero verlos todos los días.
La perrita de Rodrigo me pone feliz, pues Jaberin, Luna, Simón y Susana ya están creciditos y siempre es bueno volver a encontrarse con un pequeñín o pequeñina, aunque después vaya a ser una “Pequeña Gigante”. Y más bueno es darle un hogar a los perritos solos (más o menos fruncidos, mezclas, de raza o quiltros, todos los perros de mi familia tenían problemas de techo, comida y amor y han encontrado todo eso). Obvia
mente aquí me acuerdo de Agustín y la enorme familia cariñosa que se encontró en el campus y todo lo mucho que yo lo quiero a ese perro chascón. Perros que tenían los ojitos tristes (como una perra que acariciamos hoy que estaba en una casa de Doctor Johow) y ahora tienen colitas felices.
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Y yo me quedé helada
Cuando eso vi.
Por la muerte de Eleonora que fue de mañana. Con sus cortinas amarillas y su muerte amarillenta, por su cuerpo desgarrado por la vida, por lo íntimo de su muerte ¿a qué hora le vino la muerte a Eleonora?
Ella se quedó desmayada
Con su muerte baladí.
No murió de mañana, recién ahí nosotros la vimos morir. Pobre Eleonora muerta en la oscuridad. Su pieza amarilla negra estaba, de muerte ella se quiso ir. ¿Cómo le habría gustado morirse a Eleonora?
Era de mañana y no de noche
Mejor haberse muerto así.
Sus cortinas amarillas era para tener la calidez del sol siempre pero en una noche como ésa no hay sol que ayude a sobrevivir. Eleonora se nos fue, entonces, antes de salir el sol ¿Quería Eleonora eso o quería algo mejor?
De mañana o de noche
Se quería, se quería morir.
Da lo mismo Eleonora que le puse su vestido marfil. La puse en el cajón con sus cabellos recogidos, daba gusto verla tan linda con sus labios carmesí. Eleonora mi hermana pequeña murió de noche y era ella de la mañana. Al amanecer sola tirada en el suelo de su cuarto, muerta, helada y dormida la descubrí ¿Qué pensaba cuando se moría, se habrá acordado de mí?
Leonor, Helena y Eleonora
a todas
a todas heladas las vi.
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Aparece en esa novela de ciencia ficción, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. En ese mundo quemaban libros, pues los libros, claro está, son el mal.
En el mundo de Fahrenheit 451 había un personaje femenino insensato llamado Clarisse. Ella le metió ideas raras en la cabeza a nuestro bombero quemador de libros Montag. A mí también algunas.
Hoy estábamos sentados en los pastos de la universidad y corté un diente de león. Miré a Rodrigo y recordé lo que había leído en esa novela. Eso de frotárselo contra la barbilla. Si uno hace eso y queda el polen ahí es porque uno está enamorado.
En la novela a Clarisse el mentón le quedaba manchado de amarillo. A Montag, casado con la neurótica Mildred, no. Ella estaba enamorada y loca, él no. Él quemaba los libros que ella quería leer.
Como no hayan leído Fahrenheit (que no es lo mismo que ver Fahrenheit 9/11 de Michael Moore), no cuento el desarrollo de la historia. Con satisfacción puedo contar que en la barbilla de Rodrigo sí se quedó el polen amarillo amarillo del diente de león.






