Guardado en: Prosa, Textos, Vivencias | Etiquetas: amor, comedia romántica, el amor, la vida, los dos, nosotros, Prosa
Tuve la oportunidad de insolarme y de tener un absurdo, interminable y triste lío con mi novio. Después tuve la oportunidad de pasar el dolor de cabeza y el llanto como en las comedias románticas, comiéndome un completo italiano en el Dominó con él. También la oportunidad de los besos y de lo lindo del mundo, como en las películas del amor, pero mejor.
El otro día me corté el dedo y como no podía usar la mano para escribir, vi tele. Me dio eso la oportunidad de seleccionar algo de la programación y verlo completo, pues tampoco podía hacer zapping. Me encontré con una comedia romántica con Kirsten Dunst (que sale en todas las comedias románticas porque es una niña de aspecto normal pero muy bonita y con una sonrisa muy dulce) y con Orlando Bloom (que no sé si sale en más comedias románticas pero también es muy bonito). Miré en la guía y me fijé que ellos eran la pareja protagónica así que lo dejé, porque pensé que independiente de la historia (y también pensando en que eran ellos, los bonitos, interpretándola), harían una bonita pareja y de seguro algo torpe y mamona. Así fue.
Me separé de mi novio y tuve la oportunidad de pensar que quizás se me adelantaría y llegaría antes que yo al lugar al que me dirigía. Como en las comedias románticas, que en cierto punto los amantes se separan y parece que no habrá más. Ellos están tristes y melancólicos, tal vez muestran solo a uno porque el otro anda haciendo la magia que se revelará en el clímax. Yo iba melancólica en la micro y pensé que él podía hacer algo así. Tuve la oportunidad de recapacitar y darme cuenta que esas cosas pasan solo en la comedia romántica. Se me dio la oportunidad de ver que tampoco estábamos de comedia, pero es que Orlando Bloom también estaba un poco descompuesto en el momento en que Kirsten Dunst hacía la gracia de aparecérsele. De todos modos la oportunidad de que mi amado se me adelantara y apareciera la deseché.
Caminaba por Providencia y no tuve la oportunidad de conversar con uno de los devotos de Krishna que conocí hace unas semanas, al que encontré muy alegre. Él hablaba con una mujer, estaba animado, tuve la oportunidad de verlo y me subió el ánimo su propia animosidad. Tuve la oportunidad de sentirme mejor y de condecirme con la alegría de los demás. Ahí seguía siendo melancólica, bonita oportunidad. En la comedia romántica en el momento de la melancolía siempre ven cosas bonitas, así tienen la oportunidad de pensar en que el mundo, a pesar de todo, es bonito.






