Archivado en: Prosa, Textos | Etiquetas: cuento, cuento corto, historias, la muerte, mujeres, Prosa, sangre
Lo que espantó más a la mujer de Barba Azul cuando fue curiosa y abrió la puerta de la salita prohibida no fue el suelo chorreado de sangre, no fue el olor a óxido profundo que tiene la sangre, no fue el color bermejo de la sangre. Fue que, entre toda esa sangre y todos esos cadáveres de mujeres estaba una que todavía agonizaba.
Cerró la puerta, corrió a la habitación de Barba Azul tapándose la boca con las manos y garabateó en una libreta, también prohibida: “Ya lo sé todo, ahora matadme rápido”. Ella no quería lo mismo para sí, pensó: “Que mi sangre fresca no se confunda con la de esos bultos que se secan. Que mi piel fresca no se pegue a la de esos bultos que se secan. Que ninguna otra me vea mientras me seco gota por gota”. Prefería ser uno de los bultos de herrumbre a ser la que espantara a la próxima. Prefería ser la sangre seca, a ser el espanto.
3 comentarios por mucho
Deja un comentario
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>





uy, que hermoso. muy hermoso
Comment por latrodectus Jueves, Febrero 14, 2008 @ 12:08 pmlo escribiste tu?
Comment por latrodectus Jueves, Febrero 21, 2008 @ 12:14 amsí, lo escribí yo.
Comment por Tamara Jueves, Febrero 21, 2008 @ 9:53 am