Hortensia


Oro y tormenta, Juana de Ibarbourou
Lunes, Marzo 10, 2008, 1:00 am
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Oro y Tormenta“Oro y tormenta” (1956) es una recopilación de sonetos de la escritora uruguaya Juana de Ibarbourou. Está dividido en cuatro partes, que van cantando al encuentro de la vida en el momento en que se toma conciencia de la propia muerte. Son palabras que parecen jóvenes, no porque traten de resucitar lo que se ha ido, sino porque creen que todavía queda algo más.

En su obra debut, “Las lenguas de diamante” (1918), Juana está más apasionada con los hombres, con esa dicha fugaz, con la desdicha sin fondo de estar o no estar con el ser amado. Aquí muta para gozarlo todo, con tranquilidad, para entender la vida, que ya se va. Se notan los años más y no deja de ser encantador.

Los sonetos son una construcción poética de síntesis y precisión musical. Aquí hay 70. Estupendo número, huele a proeza creativa (he tardado horas en armar uno). La estructura no cansa y varios parecen tener mucha calma, pero a la vez, crean una atmósfera cantarina.

La primera parte del libro recuerda a otras épocas de la Ibarbourou. A veces está presente la figura masculina, el amor rotundo. La diferencia es la actitud. Ya sufre menos, menos se desespera. Espera destinos, se dulcifica, se tranquiliza con la presencia del amante, a veces se tranquiliza sola. Casi al final aparece “Francesca”, donde confiesa: “Quiero el amor que duele y atormenta,/ no el dulce amor de esclarecida menta,/ que se marchita inconsistente y solo”. El poema sale del tono suavizado, de un amor acariciado por años, por una experiencia, pasa a cosas que se pudieron leer en los inicios de la poeta, pero no alcanza a pertubar.

El segundo apartado se dedica al mundo exterior, lo que observa y percibe de él la escritora. La naturaleza aparece como un compañero agradable, precioso. Las estaciones se presentan. En “Verano”, menciona la “clara lluvia de Febrero”, muy familiar en los terruños uruguayos. Mieles, brisas, luces del día, de la noche. En “Minerva”, la autora recuerda melancólica su lugar de origen, Cerro Largo, y juega con las divinidades. Entre Diana, Venus y Minerva, elige a la última, sencillamente, para que le hable de poesía.

La siguiente porción de sonetos regresa al interior. El amor tranquilo desaparece en todo caso, y se ingresa a la individualidad de la escritora. Lo que le pasa, lo que hará. Un viaje a Nueva York, en “Víspera de viaje” y en “Avión”. La experiencia del viaje solo y todas las nostalgias que despierta. La mujer está sola. A veces más triste, abismada, otras pocas se siente más feliz. Quiere que la llamen sus perros, que cuando deja su hogar quedan ellos convertidos en amos, por cuanto los extraña.


Destaca la doliente sinceridad de “Mal día”. A la distancia recibe una carta, justo en un día cálido y soleado, pero es agosto. Se rebela ante lo que pasa, pues en realidad no pasa nada. Las uvas le huelen a mosto, todo todo indica que el estío es falso. “¡Falso día de Estío en el Invierno!/ Hoy todo en él tuvo sabor a infierno”.

Al final, después de todo el viaje, se avecina la muerte. Nunca llega, pero está cerca. No acecha, pero la poeta la espera. Dice en algún verso que sabe cómo es vivir muerta. Cree que queda poco tiempo, se despide con tristeza de su amado, recuerda un mundo sordo después de la muerte de su madre. Sin embargo, la muerte no se lee oscura en sus sonetos. Solo es el destino, irremediable, no le teme. Viene, se viene, vale la pena cantarle antes de que aparezca, pues entonces ya no habrá tiempo para nada. Hermosa es la analogía que hace con Marguerite Gauthier, protagonista de la novela “La Dama de las Camelias”: “Por todo viaje tuyo voy muriendo/ un poco cada vez, y estoy sintiendo/ ya gusto a tierra y hielo entre mi boca”.

Estos sonetos no son un libro de autoayuda, claro está, pero su lectura aporta a tomarse las cosas con calma. Que la vida está afuera esperando, y adentro bulliendo y la muerte hace lo mismo. Para ir por los días sin temores, con paciencia, esperanza. Siempre con la facilidad para las palabras que tiene Juana de Ibarbourou, pero pareciera que ahora un poco más reflexiva, sin dejar de encontrar las letras más sensibles para permitir que hable su alma. De un lazo a otro va armando la vida, mientras, sosegado el sino, se va desatando la muerte.

Recomendable, si lo encuentran. Por ello, les dejo una selección de poemas para descargar.

Selección Oro y Tormenta


2 Comentarios hasta ahora
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yo lo encontré.

Comentario por Rodrigo Lunes, Marzo 10, 2008 @ 1:30 am

sí, gracias.

Comentario por Tamara Lunes, Marzo 10, 2008 @ 10:07 am



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