Hortensia


Bob Dylan en Arena Santiago (I)
Jueves, Marzo 13, 2008, 1:35 pm
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I. La espera

La visita de Dylan fue inesperada. Casi todos los años dicen que viene The Cure tal o cual mes. Todavía no aparecen. Así, uno no podía esperar con ver a Bob Dylan en vivo, ni siquiera imaginar. De repente dijeron que venía en marzo. Incredulidad. Después que era el 11 de marzo. Esperanza. Luego anunciaron que las entradas se ponían a la venta el 20 de enero. Temor de las productoras. El 24 de enero ya teníamos las nuestras para la Tribuna Campeones de San Carlos de Apoquindo. Espera.

En la espera cambiaron el concierto al Arena Santiago, que aunque nos pareció un buen lugar, salimos un poco para atrás, porque lo que era Tribuna Campeones se convirtió en Platea Alta y quedamos algo arriba, jajajaja. Todo lo podíamos aguantar… era Bobby.

La Cote, la Mari, el Felipe, el Rorro y yo compramos las entradas juntos. Una cosa familiar, ja. Le dije a mi madre cuando se empezó a hablar de la venida y lo desestimó. Cuando estaba todo listo para The Who el año pasado ella tenía ganas de ir, pero al final la presentación que iba a ser el 21 de marzo se suspendió y no pasó na. Ahora dijo que no de inmediato, argumentando que esos espectáculos ya eran para jóvenes (claro que no). El lunes estábamos en la casa de mi tía y se entusiasmó al pensar en los temas, en lo que se iba a perder… ella tuvo más tiempo que nosotros para pensar en eso y nosotros nos decidimos más rápido.

El lunes después del diario empecé a acumular ansiedad. Rodrigo me proponía ir al hotel a verlo, medio en broma, medio en serio. No fuimos. Yo le decía que nos concentráramos para cruzarnos con él en la calle. No sucedió. Lo imaginamos tocando la armónica con los viejos del fox-trot de Providencia. Pensábamos en lo hueones que seríamos si lo veíamos y le decíamos: “You are a legend”. Luego ideamos frases para decirle, ninguna muy buena… concluí que lo más probable era que lo miráramos boquiabiertos y completamente mudos.

(Después supimos que lo del hotel no habría sido tan desafortunado porque salió el lunes como a las ocho a pasear por los alrededores).

Ayer en la tarde volamos (con Rodrigo) del diario en el bus Kelly de las 18.15 (no es el mismo de la entrada sobre el sistema de transportes de El Mercurio, que era el de las 18.45). Yo había pedido permiso para poder irme más temprano y hasta me hicieron bromas con dejarme haciendo turno. La cosa es que pasé por unos sándwichs a la cafetería del diario y partimos. Kelly se iba yendo, pero se detuvo para que subiéramos. Nos bajamos en Cal y Canto y agarramos un metro lleno, aunque era esperable. Esperamos a Felipe en la estación del Parque O’Higgins y fuimos a comprar galletas y bebidas para la espera.

Llegamos a la entrada del Arena Santiago y hay un funcionario de seguridad con una chaqueta amarillo fosforescente y un megáfono diciendo: “Jóvenes, no se puede ingresar ningún envase”. Chao con las bebidas en lata y la botella de medio litro que se compró mi hermano. Felipe se la tomó en tiempo récord, después él y Rodrigo tuvieron que ayudarme con mi lata, que por el apuro ya me estaba doliendo la guata. Entramos y a R. el guardia que le cortó la entrada le hizo la broma: “Te equivocaste”. Ante el rostro de interrogación de Alarcón, continuó: “Te regalaron la entrada tus papas, porque el Bob Dylan no es de tu época”. Unas risitas de mi compañero y pasó. Cruzamos un portal negro que a la salida formaría un gran taco y apareció una mujer que nos apuntó con una cámara: “Una foto por favor”. Noooo. El Rorro bajó la cabeza y la mujer entendió que no queríamos vida social.

Entramos a nuestra mal habida Platea Alta pensando en cómo colarnos a la Baja. Alarcón fue a hacer una exploración y supo que la única forma era saliendo del recinto… y de ahí no tenían que pillarte, pero éramos muchos, así que alguno podía sonar, aunque lo hiciéramos de a poco. Llegaron las hermanas Alarcón, mis cuñadis Cote y Mari. La Cote reiteró su idea: que cada uno de nosotros hubiera ido caracterizado como Dylan en sus distintas épocas. Yo habría ido como un Bobby cabrito, así como la foto de mi entrada del 10 de marzo, como el de mi polera. Ya creo que el Rorro hubiera querido ir como el que puso en su blog, pues comentó que si bien no era la mejor idea disfrazarnos sí podríamos haber usado el gorrito. La joven María José, lo debe haber dicho al imaginarse con el sombrero vaquero que tanto disfruta.

Cada cierto rato yo miraba al Rorro y le decía: “Quedan 40 minutos”.

Antes habíamos visto a la Nat caminar regia estupenda por la cancha. Andaba comprando alimentos y bebidas para ella y Vladimir, que se quedó pegado a la reja ataviado con su polera de Bob. La empecé a llamar para tirarle un piropo pero el celular no agarraba, primero el mío, después el suyo. Como el espectáculo de Dylan era más bien frugal, no estaba esa posibilidad de mandarse mensajes de texto vía pantalla gigante y decir: UN SALUDO PA LOS MONITOS QUE ESTAN PEGADOS A LA REJA, DE LOS INQUIETOS.

Así que cuando finalmente logré comunicarme con la Nat no me tardé: “Quería decirte lo rica que te ves con esa polera verde”. No me escuchaba al principio, pero cuando lo hizo me dijo: “¡Ahh! ¡Qué chuchaa!” Empezó a tratar de encontrarnos entre el público de arriba pero miraba para cualquier lado menos para donde estábamos. Los Monitos tuvieron miedo de que los viéramos y ellos a nosotros no. Vladimir nos descubrió primero y nos saludamos. Ahí cortamos el teléfono.

Al rato aparecieron los ignacianos amigos de Rodrigo: Alfonso y Razka. Empezaron a molestarnos supuestamente por ser cagados, apretados y sus sinónimos. Juraban que habíamos pagado menos plata que ellos, que gesticulaban desde la cancha.

Pasó el rato y dije: “Quedan cinco minutos”.


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