Guardado en: Textos, Vivencias | Etiquetas: existencialismo, la muerte, la vida, La vida real
Después de que ayer casi me atropellaran (tuve una posibilidad muy real, por fortuna el auto solo le alcanzó a pegar a la bolsa del pan), me senté un rato en el Forestal a pensar en lo que había pasado. Luego pensé en todo lo demás y todo se volvió trascendente. Pensé que si el auto me hubiera pegado habría saltado a la mierda y habría sido el fin. Yo ya me había borrado cuando otra persona que cruzaba desde el otro lado le gritó al tipo: “¡Ahueonao!”. Le di las gracias al señor y me fui a sentar, caminando porque había que caminar.
Caminé y me cayó el existencialismo encima (ya que no me había caído el auto, algo me tenía que caer). Digamos que me cayó la teja.
Ahora tengo que trabajar en eso, para cuando me muera, morirme tranquila, jajajajajaja. (Ayer no me reí na).
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