Hortensia


Domingo, Abril 20, 2008, 11:28 pm
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I.

Me despertaron las campanas de la iglesia. Las campanas que hacen campaña para que uno vaya a la iglesia.

Pensé con muchísimas ganas: “Que sean de la misa de doce, que sean de la misa de doce”.

Miré la hora y había sido traicionada. Dios no entiende. Era la misa de nueve.

Dios no entendió que me despertó con la campaña de evangelización justo cuando estaba en medio de un sueño agradable.

En castigo, no fui a la iglesia, claro está. Me quedé reconstruyendo el sueño que Dios me había quitado.

Comía papas fritas en una plaza de Buenos Aires con personas que sin duda amo. Me visitaban y yo estaba muy contenta de verlos y mostrarles un poco la ciudad.

II.

Era tan temprano. Querría haber dormido hasta las once al menos. Eran las nueve y estaba tirada en la cama pensando en un sueño tan agradable como mentiroso. Tan agradable como falso.

El paso siguiente fue imaginármelo en la realidad, ¿podría realizarlo alguna vez?

Sí, es cuestión de tiempo, pensé, y ni siquiera tanto tiempo.

Luego se empezó a oscurecer todo, empecé a sacar cuentas y a extrañar a la gente.

Pensé que mejor lo seguía imaginando después, cuando ya estuviera más cerca.

Este año, mínimo, seguiré por aquí. Eso está casi decidido (siempre y cuando algún suceso extraordinario se presente y cambie la resolución actual).

III.

Más tarde seguí un consejo de conquista que me dio una amiga hace un par de años. Dos años y un poco más. Poco más. Me recogí el cabello con una gran pinza en un tomate. Me miré frente al espejo y me moví la chasquilla hacia ambos costados de la frente (“costados” de la “frente” es algo curioso… en fin). Pensé que siempre la había echado hacia la derecha y que quizás pasaba algo si mañana amanecía con el pelo para la izquierda.

Una conjunción planetaria.

Un desastre ecológico, que si bien lo imaginé, luego concluí que sucederá si me peino con mohicano, con afro o me hago el peinado de Ronaldo en el mundial del 2002. No dependerá tanto de mi cabellera.

Bueno, regresando al ritual inspirado en las palabas de mi amiga, seguí frente al espejo muy atenta ante algunos detalles. Desaparecieron y me reí un poco. ¿Dará resultado? ¿Será como esas cábalas?

El arquero Pato Toledo ponía un peluchito agarrado de la red en todos los partidos.

Quizás debí haber ido a misa y no haber sido un 17% más vanidosa que todos los días.

No. No diré “amén”.

IV.

En todo caso, esta semana se conmemora el Día de la Tierra y debería ser algo conmovedor considerando que estamos metidos en ella, que es ahí donde suenan las campañas religiosas y los rituales de conquista.

Aprendí un poco sobre eso en un documental de NatGeo hoy.

Hace tiempo que solo estaba viendo Vh1 y no NatGeo.

Fue un acierto cambiar un reality de una pareja bien patética para ver uno de los programas especiales del Día de la Tierra.

Ya sé que me estoy yendo muy lejos. De mis sueños, que son solo míos. De mis rituales, que son para compartir con una que otra persona (digamos que una me importa en este momento). Llegué al “Día de la Tierra”, que es de todos y todo. Ni modo. Es importante, me pareció.

V.

Botamos mucha basura, no tenemos tanto tanto sexo, hablamos quizás demasiado o muy poco, bebemos cerveza en exceso (me pareció), comemos hartos huevos y zanahorias, nos tiramos muchos gases, por suerte comemos harto chocolate, hasta nos casamos en una buena cantidad.

Nos casamos gracias a que nos bañamos, perfumamos y encremamos.

Dijeron que era el instinto, porque la idea que tenemos fija es reproducirnos.

Más de nueve metros de pelo, casi lo mismo de barba. Demasiados objetos electrónicos.

Reproduciría la lista completa. Anoté casi todo, menos la cantidad de vacas que nos comemos porque cerraba la puerta de la pieza para escuchar mejor.

Lástima, pero tuve suficientes datos como para pensar en botar menos basura.

O en donde mi papá deja todos esos celulares que no usó más.

Y cómo sabe uno que se enamoró las veces que dijo el documental que en promedio uno se enamora en la vida.

Pensé un poco preocupada que a mis 21 años ya se me agotaron.

Las parejas sexuales del promedio… me quedan muchísimas.

Así es como uno tiene una y otra cuarenta.

El promedio es diez. 10.

VI.

Me sentí identificada con la cifra de las tazas de té.

Tres al día. Hoy elegí: jazmín, verde, jazmín.

No supe qué concluir con la cantidad de litros de lágrimas.

Siempre he sido muy llorona y últimamente he querido llorar y solo me he quedado a punto.

Mejor.

El otro día me encontraron clarita por esa misma actitud.

Por ahora no sé si está bien o mal.

Por mientras parpadeo mucho hasta completar mis cuatrocientas quince millones de veces.

Y espero que de las mil setecientas personas que en promedio conoceré, ninguna muera asesinada.

Es un alivio haber sabido que solo una de cada tres personas conocen a alguien que morirá asesinado.

VII.

Por mientras me iré caminando a alguna parte.

No, ya dije que a Buenos Aires por el momento no.

Pero mientras me gasto uno de mis ciento cuatro mil sueños para ponerlos en mis recuerdos, que se supo ya que es lo único que nos perdura por lo que nosotros perduramos.

Porque hasta los huesos se cambian cada dieciséis años.

Los recuerdos y los sueños, son lo único que nos pertenece.

VIII.

(Y me enteré de esto tan valioso poco antes del ritual de belleza, después de haber recreado mi sueño para no salir caminando hacia la iglesia y no haberme leído quinientos treinta y tres libros más, porque ya agoté mi cuota del ser humano promedio. Lo que menos me importó fue haberme perdido ya unas cuantas elecciones y la posibilidad de no llegar a tener ocho autos en mi vida).

Ya tengo lo otro, aunque se me ponga oscuro. Pero es que hoy de todo corazón quería dormir hasta las doce.


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