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Uno de los momentos de
mi vida lo tuve ahí, en las faldas del faro del Cabo Polonio.
No me pasó nada antes como lo del sol sobre el mar, como lo del sol viniendo a nosotros justo desde el mar. Porque ahí la oscuridad pesa, y el faro es un regalo, y el sol después de esas noches de luz intermitente lo corona todo.
Y le escribí una canción a eso, que se llama “El Paseo”, mientras Rodrigo tocaba guitarra sentado en la ventana del rancho y veíamos pasar con el viento la playa todo el día. Por lo mismo, ya estoy un poco emocionada de ver a Jorge Drexler el viernes, porque el faro del Cabo y el Cabo te tocan… y si no, no estás vivo.
Es uno de los momentos grandes de mi vida y con todo esto que se acerca, lo revivo.
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Para A.
(Te hice este monito y escribí esto de abajo en lugar de terminar el Informe de Práctica, pero ta).
Mi respuesta es: sí.
Aunque en el último día ya te he respondido varias veces, pero tiene que quedar bien claro que te apruebo.
Seré sencilla. Pasé un fin de semana muy lindo contigo. Fuimos a escuchar música, fuimos a bailar, catamos cervezas, nos reímos del público y comentamos comentarios de otros sobre personas de las que nos terminamos riendo. Nos encontramos con una persona del ámbito académico en “no su mejor momento”. Bailamos y cantamos harto, aunque nos apretaba la gente o nos empujaba. Ahí también nos reímos.
Y anoche, tanto caminar solo podía demostrar una cosa… ¡un gran amor! Ya te decía casi al llegar a Bilbao que de otro modo ya habría estado alegando demasiado enojada. Pero luego tocó la bonita recompensa de dormir juntos y mi asustadísima amanecida con el gallo de tu despertador (segunda vez ya que me pasa eso).
Debo reconocer que tras tu comentario de: “Lo que no se demora en vestirse, se demora en tomar desayuno,” me comí el pan lo más rápido que pude. Y también debo reconocer que tras tu comentario de: “Me quedaría con usted,” cuando íbamos arriba de la 501 por ahí por el mediodía y tú tenías que bajarte para tomar la C07 e ir al diario, pensé que yo también contigo y más que la pena pura me dio alegría de que “sintamos lo que sentimos”.
Y mientras yo hacía mis despachos televisivos en la zona de la catástrofe para constatar los efectos del desborde del Canal de Ramón en La Reina, teníamos una cita. Una cita sin auto. Y capaz que una cita sin auto en un día 25 podría haber sido mal augurio, pero no lo fue. Porque aunque cuando nos despedimos hoy íbamos en una micro y no en un auto, me pasó lo mismo que hace 28 meses: tuve ganas de que la separación se hiciera corta para pronto poder volver a verte.
Te amo mucho. Seré más sencilla aún: eres todo lo que necesito. Lo sé cuando todos estos momentos pequeños en que ahora logramos estar juntos me llenan tan profundo que aún me queda la sensación de compañía en el alma. Gracias por este fin de semana tan feliz (súmale además 1 año y 4 meses a esa felicidad).
Todos estamos un poco solos, yo creo que ya hemos hablado de eso… para mí fue lo más bueno encontrarme contigo, me pone de buenas que seas tú mi compañero.
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Me planto y escribo estos versos
pa no perder la costumbre
que no me llene de herrumbre
que mis dedos no queden malversos.
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Originally uploaded by Hortensia V..
Venía en la micro hacia mi casa y escuchando a T(I)NC y recordé al guapo de Dennis Lyxzén. Pensé: “Si hubiera un Rock of Love con él, me postularía”. Súper ridículo el pensamiento, pero me llevó a ponerme a pensar con quién más participaría en algo así.
Conclusiones:
Lyxzén, claro.
Graham Coxon.
Y si hubieran existido esas cosas en los sesenta y yo también:
Bob Dylan.
John Lennon.
(No quiero na, gua).
(Ojalá que no aparezca Rodrigo diciendo que Dylan nunca fue mino… aparte que ahora Dennis Lyxzén está igual a él con su look de cabello natural).
*No me quiero desperfilar con esta entrada, pero fue algo curioso que pensé en la micro…
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A los 14 empecé a planear mi vida. Hoy supe que tranquilamente puedo continuar haciéndolo.
Admirada del primer departamentito de Simone (obvio, qué más), quise el mío y convertirme en una señorita independiente. No pensé en pintarrajearme los labios de rojo, o tal vez lo pretendí en ese tiempo, pero a estas alturas ya no quiero eso.
Estoy con varias posibilidades para tomar o desechar. Creo que ya tengo un poco mi decisión tomada, en pos de lo que he esperado hacer ya tantos años ha. Guiarme por impulsos o caprichos sería eliminar todo cuando ya queda muy poco… y las ansias me comen.
Cuento un poco los meses y llegado el momento creo que me diré: “Ya, ¿y ahora qué hago?” Y algo haré, siempre me las arreglo en esos momentos que espero pero no sé bien para qué (como el momento mismo de entrar a la universidad).
Todas las noches me acuesto y pienso en las cosas que he querido tanto y que ya podré empezar a concretar. Por mientras busco una AFP y me quejo de que las Isapres me discriminen por haber nacido con un útero y que no me den la oportunidad de parir si se me da la gana. Parece que me quedaré en el sistema público, porque mujer no pretendo dejar de ser (eso está dentro del plan maestro, jajajaja).
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A veces vale el esfuerzo quedarse así. Sin los anteojos puestos, con la ampolleta quemada y una lámpara más o menos.
No veo mucho así, a veces vale el esfuerzo de escribir.
Anexo
La salvación viene en montes grandes de creatividad y hoy fue tan fugaz para mí que no pude sino apenarme. Cuando los dedos no se animan y uno no puede ver bien. Mis dedos no usan anteojos, solo esos ojos que perdí ayer.
La sangre me corrió de los pies a la frente y lo siento, a esta hora con estas ganas, no puedo seguir escribiendo.
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De Pandora debimos haber aprendido. A ser como ella.
De Pandora aprendí a ser lo contrario.
De Pandora, aprendí.
El sábado desperté sola en la habitación de Rodrigo. Se había ido temprano al trabajo y yo me quise quedar durmiendo un poco más. Su habitación y yo tuvimos un momento íntimo entonces. Un momento que de haber aprendido de Pandora, podría haber aprovechado bien (o muy mal).
Pensé: “Aquí estoy yo y todas sus cosas”. Las cosas, que muchas veces es lo que uno necesita saber para completar el cuadro. Las cosas que están por ahí y que desconozco. Las que no están a la vista o las que están, pero no he tomado ni me familiarizado con ellas. Sus cosas.
Pensé: “Puedo ir a escudriñarlas o pensarlo mejor”. Lo pensé tan bien que me entretuve solo sentada en la orilla de su cama mientras me desayunaba un pan con queso y un tazón de café.
Con mi primer novio el misterio era casi cero. Ahí estaba su pieza y ahí estaba yo intruseándole todo. No tenía cartas de otras chicas, no tenía libros, casi tenía puros casets grabados. Ningún cuaderno donde escribiera, ninguna dedicatoria, ninguna fotografía. Su habitación comenzó a llenarse de cosas nuestras. Primero una bolsa con los papeles que le hacía llegar yo y después esa bolsa se convirtió en una caja sobre la repisa de los casets grabados, que con el tiempo también sumaron Cds grabados y uno que otro siete pulgadas.
Los papeles, los cuadernos que yo llenaba para él, las flores de mayo del 2003 (unos crisantemos que después me regalaría en la última carta que me escribió), ese cojín con el niño sonriente y cachetón que le regalé para su cumpleaños nº16, fotos mías, fotos suyas, fotos del rock. Así, el misterio no me tocó a mí sino a la que vino después. Se tardó en ocultarme de sus cosas, no era muy difícil completar el cuadro.
Ni siquiera sé por qué una quisiera completar el cuadro… tampoco es tan difícil imaginárselo y es más entretenido que ir a hacerlo realidad y que sea desagradable, que el estómago se te haga algo amargo y hondo, algo de lo que te quieres deshacer.
Con mi otro novio fue un poco así. Tanto desorden era EL misterio. Papeles, fotos, cuadernos… yo no tenía idea de lo que había en ellos. Mis cartas quedaban por ahí, por donde cayeran. El suelo, debajo del televisor, del computador, de la cama… ahí mismo donde hubieran sido terminadas de ser leídas. Los intentos de hacer caso a Pandora serían todos desagradables. Había que aprender.
Y una vez un profesor de arte que queríamos mucho nos dijo que siempre había que dejar un poco de misterio en la relación… yo aprendí eso con trabajo y con un poco de trauma. A Rodrigo lo conozco tanto que le respeto todo lo que no me quiera comentar, contar, decir, confesar, relatar. Hemos hablado bastante (como anoche y la entrevista en inglés en que me habló un poco sobre la forma en que comenzó su linda afición por Los Beatles), así que tuve el poder y la buena voluntad de estar ahí con sus cosas e imaginármelas en lugar de toquetearlas frenéticamente en busca de algo desconocido. (más…)







