Hortensia


No nos moverán
Sábado, Octubre 25, 2008, 12:09 am
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Llamé a mi enamorado y no fui capaz de decirle lo que pasó. Era celular, yo me doy vueltas para decir algunas cosas y además estoy pobre. Le mandé un mensaje de texto y quizás podría escribirle ahora, creo que le contaré mañana.

Creo que fue hace como un año cuando hablamos de esto por primera vez. O sea, ya lo sabe, ya se lo conté. Ahora sucedió lo que me preocupaba a mí entonces.

Y yo ando tan límbica (ésta es la noche definitiva del mes) que hoy en la tarde le dije: “Tengo como pena”. Y ni idea por qué, quizás fue corazonada que me iba a pasar esta “tragedia”. No me amargo realmente, pero pienso en los límites, que parecen no existir.

Después se me pasó la pena y me esperancé. Lo extraño a Rodrigo, no lo veré en un par de días más y llevo un par sin verlo. Me animo, eso sí, de volver a verlo. Le tengo guardado un regalo y estuve a punto hoy de darle otro, pero tenía las manos ocupadas mientras caminaba por Providencia al paradero de la 503.

Reconozco que tengo ganas de llorar, pero no quiero. Preferiría un abrazo de Rodrigo, que no sé qué puede hacer por mí aparte de eso, pero sé que me ayudará. Es lo que necesito ahora, ¿no? Rodrigo es algo de lo que no me arrepiento, nunca me he arrepentido de haber decidido estar con él, una noche, un par de meses, estos años y lo que nos quede.

No sé si tendría que ponerlo en grande, en negras; no me entran balas porque no estoy sola. No creo que él fuera a convertirse en un matón por mí, pero sé que por mí puede ser el más cariñoso y apuntalarme, como siempre, aunque no diga mucho. Y quien me hace tener ganas de llorar, que antes ya me hizo llorar tantas veces, no logra entender eso, no sabe lo que es “estar ahí”. Rodrigo sí y porque lo conocí y tuvimos nuestra oportunidad y estamos juntos, no me amilano. Antes que ponerme a llorar, prefiero un abrazo suyo.

(Creo que los únicos que podemos contra nosotros somos nosotros mismos; los demás ni lo intenten, somos in-ven-ci-bles. Ya lo había dicho antes y lo dije como persona bacán, pensando en mi personabacán).



Fantaseando por un Chiry
Jueves, Octubre 23, 2008, 9:51 pm
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Chiry

El Chiry, casi lo único cierto de todas las cosas que escribí aquí.

Después de haberme quedado solitaria esta tarde hice un ejercicio. Llamé al pololo, llamé a las amigas y acabé armando un paseo extraño para mí sola. Hice tantas cosas que las quiero contar.

Primero fui a escribir unos versos nuevos que nunca se me habían ocurrido, en los que nunca había trabajado en Las Lanzas. Fue bueno, estaba afuera y no me molestó el polen como en otros años. Por mientras, me tomé una Fanta.

Tomé una micro amarilla por Diez de Julio y me puse a contar la plata que tenía guardada, ¿qué puedo hacer con ella?, pensé. Acto seguido, me compré un computador nuevo, pensé en otras cosas que quería hacer. Agarré unas monedas ($150, con las que después me compré un Chiry en la B04) y las amasé un rato en mi mano derecha, ¿podré irme a Colonia? ¿Podré irme a Colonia? ¿La próxima semana, alguna vez?

En la entrada del metro Toesca me dieron propaganda de Zalaquett. Dulces oficiales de Zalaquett, fósforos oficiales de Zalaquett y un diario de Zalaquett que ya lo declara ganador. Mi “comuna 2″ está lista para recibir al Zorro o al que tanto echábamos de menos. El edificio de la Elita tuvo a Ravinet colgando un par de semanas, yo lo encontré de miedo, pero habrán bajado los gastos comunes al menos, que salen bien altos.

Me subí al metro y me senté en Los Héroes. Mi destino lo diría en el momento. El tren solo iba hasta Einstein, así que la vía Zapadores-B01 quedaba descartada. Seguía pensando en Colonia, en mi casa cerca del Río de la Plata y un poco cerca del campo. Una bicicleta, que hace días que añoro una y poder salir a andar sin tener miedo a que me la roben o me atropellen. Un ciclomotor para ir un poco más lejos, ¿estará permitido ir a Montevideo en uno?

Toesca-Cal y Canto, me acordaba cuando iba a la Escuela de Verano, donde obtuve mi primera TUCH, que la perdí cuando me robaron la billetera el 2004. Antes Cal y Canto era la última o la primera estación, según. Y yo tomaba alguna micro para mi casa ahí en la Estación Mapocho feliz de la vida, ahí nos separábamos con la Pame. Alguna vez nos quedamos con las niñas del curso conversando en el Parque O’Higgins, me pregunto por qué nunca he sido muy amigable…

Se acabó Cal y Canto y cruzando el Mapocho me acordé cuando inauguraron la extensión de la Línea 2, muy novedosa por pasar bajo el río y en la tele salían unos niños aguantando la respiración mientras iban camino a Patronato. Lindo, poético. Tanto que dije: “Ya que aguanté la respiración, me bajo en Patronato”.

Eran pasado las siete y ya casi cerraban los locales. Siempre me entra temor de entusiasmarme con algo, comprármelo y que después todas lo lleven puesto. Mi novio se ríe de esto, así que me compré todo lo que me gustó y puse a la venta mis Zaras, A&F y Christian Lacroix para ponerme a tono. Patronato original only.

No sé por qué fui con la intención de comprar té, porque solo me quedan muchos negros y verdes solo un par de sobres y en hoja nada. No quise pasar por los supermercados, miraba a unas niñas que iban delante mío y fumaban. Yo pensaba: “Son muy jóvenes para fumar”. Mas, qué me importa. Supongo que si fuman y todos los que fuman fuman, mis pulmones también sufren pero ta, no es mi asunto directo, aunque me apena.

Me compré varias poleras sin mangas como me gusta usar en esta época. Un vestido a rayas azul con blanco y otro igual pero gris con fucsia (no, no es rosado). Pagué en efectivo y solo me quedaron los $150 que me sirvieron para el ya mentado Chiry.

¡Ah! Se me olvidó contar que pasé a las tiendas de música en San Diego y le compré una ropa nueva preciosa a la guitarra. Naranja, como ella misma.

La verdad es que agoté todos mis recursos de compañía porque estaba lindo el día y no quería volver tan de pronto a mi casa, así que seguí ese paseo para mí sola. Lo pasé bien, dentro de todo. Transantiago se portó bien, casi no tuve que esperar la B04, me vine sentada y la plata me alcanzó para el Chiry. Me vine pensando en llegar y hacer la reserva para el Buquebus ¿para la próxima semana, para cuándo? ¿podré volver a Colonia alguna vez? I hope so. Hice mi viaje.



Nuevo peinado de la Hortensia

Hola, el otro día un académico dijo que a los sitios hay que rediseñarlos cada seis meses. Aquí estaba Hortensia igual que hace más de dos años, cuando partió. Me di el gusto esta noche de probar diferentes imágenes que pudieran servir como cabecera. Antes ya lo había intentado y no me decidí por ninguna imagen. Debo decir, además, que revisé si otro tema podía servirme y no, me quedo con éste, que se llama Benevolence y apareja también con el blog de A., en realidad, el blog de A. se aparejó con el mío, facts of life, ja.

La foto ganadora fue tomada por Rodrigo desde arriba de su bicicleta en Colonia del Sacramento. Alguna vez el Seba me molestó diciendo que en Uruguay se habia quedado mi corazón. Algo asi, me dio un poco más de corazón, jajajaja, Colonia en especial. Lindo momento ese paseo en bicicleta y muchos otros más, yo le cargo mucho significado a ese lugar. Una de las fotos finalistas dirá más en otra ocasión.

La foto ganadora fue tomada por Rodrigo desde arriba de su bicicleta en Colonia del Sacramento. Alguna vez el Seba me molestó diciendo que en Uruguay se había quedado mi corazón. Algo así, me dio un poco más de corazón, jajajaja, Colonia en especial. Lindo momento ese paseo en bicicleta y muchos otros más, yo le cargo mucho significado a ese lugar. Una de las fotos finalistas dirá más en otra ocasión.

Otras imágenes finalistas fueron:

Rodrigo detrás de las docas en Pichidangui, veraneo corto del año pasado. Pero este blog no es Emburucuyá, asi que...

Rodrigo detrás de las docas en Pichidangui, veraneo corto del año pasado. Pero este blog no es Emburucuyá, así que...

Del Comercio con De la Playa (Colonia del Sacramento). Ya escribiré algo más sobre esto, tengo un esbozo de canción por ahi. Es una imagen importante.

Del Comercio con De la Playa (Colonia del Sacramento). Ya escribiré algo más sobre esto, tengo un esbozo de canción por ahí. Es una imagen importante.

Quintay, vista de la caleta y la ballenera al atardecer. Eso fue en las vacaciones de invierno del año pasado, julio.

Quintay, vista de la caleta y la ballenera al atardecer. Eso fue en las vacaciones de invierno del año pasado, julio.



Haiku (soy muy atrevida en realidad como para hacer esto, es la primera vez)
Lunes, Octubre 20, 2008, 11:23 pm
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Sol en octubre

La novela terminó,

el día con ella.



Para no morirse (lo que hice por ser feliz, ja)
Jueves, Octubre 16, 2008, 12:12 am
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Aunque tenia rostro de sueño, es de un momento muy feliz que tuve. Cuando conoci la salida del sol sobre el mar... cosas que ya no me estaban pasando.

Aunque tenía rostro de sueño, es de un momento muy feliz que tuve. Cuando conocí la salida del sol sobre el mar... cosas que ya no me estaban pasando.

Gracias por esperarme, necesitaba volver a encontrar palabras, me había desacostumbrado a escribir (entre varias otras cosas).

A veces uno se puede morir si le faltan algunas cosas. Yo me puse a llorar de impotencia (no me pasa seguido) un día aquí frente al computador. Eran las cinco de la tarde, un sábado, y yo en pijama redimensionando fotos de Evo Morales.

Nada en contra de la crisis en Bolivia, luego nada en contra de la reunión de emergencia de la Unasur en Santiago; eran cosas de las que estaba bien enterada y preocupada gracias al ramo de Periodismo Internacional. Lo que no era para mí era lo otro. Ni siquiera la falta de horario, sino que sentía que no me valía la pena, el cansancio (estaba del mal de lo cansada) por hacer cosas que no creo que son las que han valido mi estudio (no he sido perna por nada).

Mi estudio que es una cosa importante, pero más importante era mi vida en su esencia, digamos. No sacaba nada trabajando tanto por un dinero solo instrumental, que no podía disfrutar (el remanente) ni compartir. Y ya olvidando el dinero, que se me borró de la discusión que sostuve conmigo durante semanas, estaba perdiendo todo lo demás.

Me enfermé de un brazo y eso fue fatal. Fuimos a Quintay y me dolía la mano por tocar una maraca o un pandero. Todas las mañanas, problemas para abrir y cerrar las puertas. Vieja estaba y yo estoy tan joven aún.

Y lo más importante: mis personas. ¿Dónde estaban? Para escuchar mis quejas, ver mis caras largas y claro, para que mi molestia les llegara de rebote. El poco tiempo que pasaba con Rodrigo o era interrumpido por deberes o se suprimía simplemente. Mi familia, lo mismo. Y yo no estaba de buen humor, malhumorando a todos los buenos conmigo.

Eso era lo que más mal estaba. Por otro lado, la memoria debía esperar, quedar para cuando tuviera tiempo, para cuando no muriera nadie importante o no hubiera eventos deportivos. La memoria que es algo que me interesa muchísimo, algo que me entusiasma, disfruto y que hago con el mejor compañero de trabajo que he tenido, lo que sin duda aliviana todo. Y tampoco podía dedicarme a eso.

Entre Rodrigo y la memoria también surge otro asunto: la música. Creo que un momento lindo, refrescante y bueno que hemos tenido este año fue la ida a Quintay y el trabajo que hicimos ahí con nuestras canciones. Fue la economía del tiempo. La primera tarde ni salimos, ni fuimos a mirar la caleta por estar tocando, practicando. Esos días fueron un poco como nuestra primera noche; intensos, porque no sabíamos cuándo podríamos volver a estar así (wow, me mandé LA analogía sin querer).

Con todo, también en ese viaje y luego durante mis días de licencia aprendí y valoré. Tenía que medir las cosas más importantes. Estaba trabajando solo porque necesitaba ese dinero y no lo disfrutaba nada. Pensé que tampoco podía proyectarme ahí porque no era el ritmo de vida que quiero para mi vida, porque no soy sola y era un poco de aislarse, por la disponibilidad que debía darle al medio (siempre, en cualquier momento).

Estuve sombría, pensando ¿y qué quiero hacer? Y no encontraba nada. Pero luego, pronto, encontré algunas cosas: quiero el amor, quiero escribir, quiero la música. Y me salvó una conversación con el Feña, alguna de las cosas que don Alfonso dice en el taller, la existencia de Rodrigo junto a la mía e incluso la visión de mi blog vacío. Tenía que actuar, decidir, como siempre.

Primero me lamenté de decisiones que ya había tomado, después fui para adelante. La lección ya la tenía. Renuncié a mi trabajo, que me dio pena. Ahora busco uno nuevo, pero pensando en lo que me gusta hacer del periodismo; ya sea en temas que me gustan, que vienen a ser los culturales más que nada, o en instancias que me llaman más la atención, como investigaciones. Sé ya que no salí para reportera de crónica diaria; solo para la cultura podría estar todos los días dándole con una hora de cierre o pendiente de lo último.

Estoy buscando algo que me haga sentir que no ha sido en vano todo este tiempo en la escuela, que es lo que me pasa con la investigación de la memoria. Creo que sí amo trabajar con las posibilidades más abiertas que da una investigación, de expandir las áreas donde se pueda indagar… tenía un alma más libre que lo que pensaba.

Ando buscando y ya no lloro porque se me pasó la impotencia. Había planeado hartas cuestiones para el próximo año y ahora me da un poco lo mismo si se atrasan un año, dos o tres, estoy embarcada en mi felicidad desde que le vi tantas dimensiones. Hoy tuve un día muy feliz, por ejemplo, decidí que postularé a un trabajo que estaba pensando hace unos días, estuve con Rodrigo en una cita muy linda, empecé a leer una novela japonesa y ahora estoy escribiendo aquí. Me faltó puro cantar una canción, jajaja, pero mañana sin falta.

Gracias porque cuando volví ustedes también lo hicieron (las cifras acompañaron, jajajaja). Esté en lo que esté, nos volveremos a encontrar, seguido eh.



De la música, el canto y el guitarrón (I)
Lunes, Octubre 13, 2008, 11:43 pm
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Ya le decía la semana pasada a R. que creo que hemos aprendido más en estos meses que en toda la vida. De la música, del canto, de lo mismo que hacemos y de lo que no estábamos haciendo y que de a poco le vamos poniendo.
Mientras él se saca puros sevens en el taller de guitarrón  y yo puros reguleques nomás, me paso ratos y ratos libres en el pensamiento tratando de juntar palabras y hacer versos. Como siempre nomás, aunque ahora en décima, que es lo que nunca pude aprender antes, después de que dejé de escuchar a la Carmen Rosa.
Ha sido crecer con todo lo que hemos escuchado, de canto y de conversación con diferentes cantores y entre nosotros mismos.

El tema de la memoria nos llegó de casualidad. Ya no la íbamos a hacer juntos por temas de reglamento (no se podía hacer entre pololos, jajajajaja, nah) y no se nos ocurría nada tampoco por separado. De repente en el kiosco de Bachi/Ciencias (el mismo en que yo le dije la primera vez que hablamos “¿Tú conoces por allá?”, según él muy pesada) uno dijo: “canto a lo divino” y el otro “guitarrón” y salió. “Hagamos eso, ¿lo hacemos juntos?” Nos fuimos a ver qué había en el catálogo de la universidad para empezar a documentarnos (don Alfonso nos diría que no hay que leer na, él no quiere hacer eso). Se armó, pero yo creo que no nos imaginábamos cómo nos iba a ir.
Entrevistas por hacer nos faltan hartas, para la memoria, pero el panorama ya lo tenemos armado. Eso con la memoria, que es importante, pero que un poco ha sido lo que nos llevó a todo lo demás.
Claudio Mercado nos recomendó ir al taller y vamos todos los martes a la Plaza de Puente Alto (gosh) en la tarde/noche a aprender (uno más que la otra, a mí me pica la lengua por cantar e improvisar) con don Alfonso Rubio. Me pasa que de repente es jueves y yo voy bajando la escalera del metro Cerro Blanco pensando: “Queda poco pal fin de semana y de ahí viene el martes, queda poco pal taller”. Saco mis cuentas alegres, tipo papas Lays, porque luego será día de guitarrón.

Mañana es martes o ya es martes, como sea, es día de guitarrón.  (Seguiré, quiero decir más cosas).