Hortensia


Por el secreto (ya que queda tan poquito)
Martes, Enero 20, 2009, 1:09 am
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Para Rodrigo, que te parecerá familiar. (Lo publiqué originamente el 17 de abril del 2006 en mi blog de entonces. Lo rescaté de las garras del olvido web, espero que no del tuyo). Lo reproduzco, pues sin el secreto, tal vez no nos hubiéramos amado. ♥

Era mi secreto y habías ido a buscarlo.

Entonces fuiste con él anotado en el bolsillo a la cita.

Eso es ser adelantado.

Yo solo fui con buena voluntad. Buena voluntad que a las nueve de la noche ya se me comenzaba a desvanecer. Te veía e incluso con lo mal que te veía me lamentaba igual. Que de nuevo salía del bar sin nada. Que para más calamidad estaba en peor estado que nunca y ni servía para frases bonitas, declaraciones brillantes, discursos útiles… el alcohol en mi contra y tú con mi secreto a tu favor. Estaba a punto de abismarme, como se abisma uno cuando se da cuenta de que el amor es como la radio o algo similar.

Porque era como el último día. Como antes de morirse. Como que volvía Jesús al fin y juzgaba a los vivos y a los muertos. Como que mi abuela habría tenido razón todos estos años pero mi probidad me habría salvado de todos modos. Dios misericordioso me habría salvado por vivir como Él quiso incluso sin creer en Él. Era como eso pero estaba a punto de abismarme.

Así, en esa situación limítrofe, salí tambaléandome. Y me tuve que ir a agarrar de tu mano para saber que seguía de pie y para saber si me la dabas o no. Para saber si de eso yo podía interpretar alguna cosa. Era lo que por el momento me atrevía a constatar, pero no sabía cuánto tiempo más quedaba para dilatar cualquier cosa que no estaba sucediendo.

Tú, por mientras, mucho más tranquilo porque andabas trayendo mi secreto. Y yo pillada sin saber, con mi secreto robado. De haber sabido que sabías no habría usado tanto tiempo encerrada en el baño. Consternada me apoyaba en la muralla y me agarraba la cabeza y me quejaba de tenerla tan mareada. Nada hacía porque poco podía. Y tú me estabas esperando afuera y para mi salud (de ahora, no entonces) sabías.

Puede ser como un agradecimiento que ayuda a paliar la vergüenza. No sé si la tuya, no sé si la tengas. Pero al menos me ayuda con la mía. Viéndolo de forma conveniente, ambos sacamos beneficio del secreto… ya me siento algo más redimida por haberme dejado atrapar así…



Maneki Neko para la tranquilidad
Sábado, Enero 17, 2009, 1:20 am
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La que le escribe es la de la imagen, en formato similar.

La que le escribe es la de la imagen, en formato similar.

Por un par de horas tomé la fotografía equivocada, a esta hora y tras algunos estímulos me calmé. Esta tarde me pasó algo bueno, que llevaba esperando ya un tiempo. A causa de esto me imaginé otras veinte cosas buenas que ni la mitad serán ciertas de aquí a unos meses. Tranquila y contenta me fui caminando por Antonia López de Bello, donde anoche mismo estuvimos viendo a Manuel Sánchez.

Llegué a uno de los supermercados chinos, el que vende sake… o al menos el que tiene el afiche del sake afuera y donde yo he comprado sake. Pensé: “Para mayor fortuna voy a entrar y me voy a comprar el Maneki Neko que necesito”. Los miré y aunque había unos preciosos no me acabé de decidir. También había de esos cerditos tipo alcancía y otros en igual actitud que el gato de la suerte.

Tomé dos cosas de la tienda (y las pasé por caja, claro está). Una caja de bolsas de té de algo que no sé qué es pero me prometió eterna juventud y una lata de té de crisantemo. De crisantemo, esas flores. Cuando caminaba ya por Patronato al sol y probando ese jugo que más que rico era tan dulce como tomar flores amarillas me acordé que las primeras flores que regalé a algún muchacho fueron crisantemos.

Las corté del jardín de mi abuela, con permiso, y se las llevé. Me las devolvió dos años más tarde en una carta gigante y un diario de vida precioso que fue de feliz a desgraciado, según el desarrollo de nuestra historia de amor. Y los crisantemos sequísimos ya se desmembran cada vez que saco el diario y lo leo un poco.

Recuerdo aparte, que fue como una imagen bien lejana y simpática, me fui a esperar la micro. Igual tardó en pasar. Me tragaba el tecito y pensé: “Aquí la decisión debió ser más conservadora y comprar la lata de té verde y jazmín que ya la tengo más que aprobada”. Me senté en la orilla de la jardinera descuidada que hay en el paradero y me paré cuando llegaron las abejitas ya que bebía jugo de flor.

Me preparo un poco porque después de mis imaginaciones y antiguas casi desesperaciones la próxima semana de seguro me tocará decir: “No, gracias”. Esto porque ya tengo lo que andaba buscando o hasta el momento la cosa va en ese camino y no debería cambiar. Así que llegando a la casa me preparo uno de esos tés anti decrepitud porque necesito estar joven para los próximos meses. Trabajo, trabajo y aprendizaje.

Esta vez estoy tan tranquila como contenta con los resultados. ¿Y qué quiero hacer? Más allá de marzo me cuesta ver. El año pasado en esta misma fecha estaba completamente chiflada ya con toda la historia escrita. La historia que fue tan diferente, ¿no? Y ahora en marzo quedan las historias: se entrega la memoria, podría cambiar mi modalidad laboral y se termina el guitarrón en casa de los Rubio Muñoz. Todas cosas que recién inician. Todas cosas que cuando estaba loquita no me imaginé.

Me permití dormitar en la micro cuando quedaban apenas cuadras para llegar. Llamé a mi madre para contarle cómo me había ido hacía rato así que nadie me debía interrumpir. No soñé con nada, solo sentí las rayas de sol que caían sobre mis ojos cerrados, rojas y naranjas, amarillas como el crisantemo de la lata de jugo de flor. Caliente todo menos mis pies que llevaban atrapado dicho tarro. Helado aún, para recordarme de la vida y de la micro que es la vida misma. Los lomos de toro no perdonan.

Me voy a dormir, espero pasar buena noche. Buenas noches a ustedes también ;-) .



Las hormigas
Lunes, Enero 5, 2009, 12:49 am
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Las hormigas tomaron control de un plato con restos de torta que quedó sobre el mueblecito de la cocina. Y control de un azucarero que junto a ese plato quedó olvidado. Un par de ellas en el baño y cuando fui a sacar un destornillador una en mi antebrazo que quiso pasarse de lista.

Verano que recién comienza junto con un año nuevo, me hace pensar en un invierno implacable. Tengo abrigos, tendré chocolates. Tengo botas, tendré sonares. Sabré guardarme entonces, sabré hacerlo. Las hormigas no me han dicho nada y yo las rocié con un líquido contra las arañas de rincón. Imagínense cómo quedaron las pobres, pegadas al mueble y hechas ovillo. Se retorcieron la mayoría y cayeron al suelo las menos. Después con un paño húmedo limpié la superficie. Dios, las hormigas.

La otra tarde una hormiga me picó la pata cuando estábamos en el jardín de su casa sentados en la orilla de la piscina. Mala pata. Me abrazó y me besó tan dulce que le dije: pucha que estás enamorado, y puede que sí como que no como que me haya o no equivocado. Eso las hormigas no lo manejan, o sí, porque tienen las antenas de las que yo carezco. Da lo mismo, igual murieron con el líquido anti arañas.

En el espejo del baño cuando me entré a duchar una hormiga se puso justo en el reflejo de mi entre ceja y ceja…