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Cuando escribí la entrada sobre Britney Spears y su Womanizer olvidé algo muy importante. La obra maestra de la creación que la acompaña, Brandon Stoughton. Y como no fuera amor a primeravista, a medida que veía el video supe que era algo demasiado bello, digamos, demasiada perfección.
Dudé y… salió gay.No todo es como uno quisiera en la vida. Se cumple el axioma de que los más guapos son gays.
- El dato anexo es que modela para Calvin Klein (underwear…)
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No sé si es muy pronto para ponerme a escribir, pues apenas sucedió anteayer. Lo que es cruel de hacer en estos momentos es un recuento con lo mejor que pasó, con las cosas más bonitas, simpáticas, significativas. No tengo ganas, me molería y es un tipo de recurso vil. Mejor pensar que terminó el viernes y que ahí fue todo.
Ayer fue extraño. Puse música y hace rato que no lo hacía. Leí Alfonsina Storni, leí Juana de Ibarbourou. Pensé que me había muerto o algo así, porque no me pasó nada. Ni silencio, silencio, ni perfume, perfume. Me dije: “Por qué no me pasa nada, que no me emocione ni me dé pena…” No encontraba palabras de otros para mí. Es que no estaba enojada ni él me había hecho algo malo. Siempre pensé que quería que fuera sincero y aunque le costó un poco, y a mí también, así fuimos, espero. Al menos yo de mi parte lo fui, cómo se pueden saber esas cosas ahora…
Escuché entonces algunas cosas y eran como todas tan de lejos, apenas me caían algunas palabras. Salí, volví a la casa y plaf!, Reality Bites en Vh1. Ellos se decían todo aquello que se dicen en el bar, él le canta en aquel acto “maduro” y ella se larga. Después, tal como hacen los galanes que se precien como tales, él se va, se va, se va (a Chicago). Ahí me puse a llorar, llorar, aunque me corrieron lagrimitas desde que ella le ofreció el premio cuando él le dijo lo especial que ella había sido. En locura también le habría ofrecido varios premios a A., pero no fueron al caso ni viene al caso nombrarlos ahora tampoco.
Lo más penca del momento fílmico fue que me eché pa atrás en la cama para llorar más tranquila y cuando miré a la pantalla Lelaina hacía lo mismo, jajajajaja. (Lo penca fue que él también la recordaba, la llamaba por teléfono, ella le contestaba, él era incapaz de decir algo y le colgaba). Más penca fue el final, pues. Yo, por mi parte seguí ahí echada. Ja.
Después me han surgido hartas palabras de otros, de otras más bien, pero para el segundo día con esto basta. Imagino que tengo que ir de a poco. Son tres años, loco.
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Ha sido un completo, complejo y florido comienzo de año. Encontré trabajo, que me tiene muy contenta, y encontré una enfermedad crónica, que no me tiene tan contenta. En ese punto me encontré también, conmigo, mi individualidad, porque en lo crudo que es uno ve que solo se tiene a uno mismo.
Aunque no quiero pensar en años posteriores, hay conflictos que me llegan ahora mismo y estoy muy confundida. Y ahora soy muy pava o muy corajuda por decirlo aquí y que lo sepan todos los que vienen a leer. Tengo miedo y a la vez estoy optimista y me alegro de salir en mis dos pies todas las mañanas al trabajo y de teclear con mis dedos ahora.
Pienso que hace unos meses, quizás cuando todo comenzó (y no me di cuenta) yo escribí que si perdía mi capacidad para escribir, me moría, que no quería quedarme sin manos. Y ahora que tengo la posibilidad de que eso pase me encuentro haciendo todo lo contrario, agarrándome a lo que tengo para no perder, para no verme sonada. Y escribo para no perder mis dedos y quiero sentirme bien, no enferma, quiero mejorarme, que la enfermedad remita y yo seguir aquí, escribiendo. Todo lo floja que estuve creo que ahora lo estoy pagando.
Todas las veces que dije: “Mañana escribo” las puedo reprochar. Ahora tengo que aprovechar cada movimiento y agarrar con mayor razón los momentos y pasarlo bien. Por eso voy al trabajo con ganas y hago lo mejor que puedo, porque tal vez en un momento tenga que demostrar que soy más que la enfermedad y yo al menos lo creo. Por eso no quiero las lágrimas de mi madre (porque no es su culpa que nos haya dado lo mismo) ni la obligación de cuidados ni cariño de parte de nadie. Aunque me duela y tenga tanto miedo ahora, porque ya sí que no sirve para nada el orgullo, la soberbia.
Aquí estoy yo con mi cuerpo mula. De aquí hasta siempre y no me voy a achicopalar (lo que no quita que llore y vaya a tener cientos de episodios de negación y de no querer nada más). Estoy reconociéndolo todo, lo fuerte y lo débil. Yo espero que esta debilidad me haga más fuerte. Pero va a doler, por eso tengo miedo. Me va a doler todo (tómenlo como quieran, aplica a cualquier interpretación, jajajaja). No me la ganará, eso sí.










