Archivado en: Textos, Vivencias | Etiquetas: actividad, blog, escritura, trabajo, visitas
Pareciera que este blog ya no lo escribe nadie. Por otro lado, la evidencia dice que todavía lo leen muchos. ¡Gracias!
¿Debería ponerme a tono con mis estimados visitantes? Ya lo creo. ¿Lo iré a hacer? Quién sabe.
¡Gracias!
Yo no quería que te diera cosita, pica, susto. Quería que lo pasáramos bien así como estábamos haciendo. Y eso del qué significa que estemos así; de sentirnos tan bien juntos es… no creo que te lo debería responder, aunque tengo mi propia respuesta. Y si te digo que no espero nada de ti no es que haya perdido mi fe en ti, ni en mí ni en lo que podamos alcanzar los dos. Es que yo hace rato no me quiero adelantar a nada. Dicho de otro modo: de ti lo espero todo. Sea lo que sea, en buena. Muy sincera te cuento que a mí también me da cosita ver de repente y de vez en cuando que aunque hemos tratado y hasta querido no nos hemos podido separar y que a la vez existe eso que te decía también anoche: que yo no te pediré que me quieras y tú a mí tampoco (aunque así sea). Que eso no sé si es orgullo, o miedo, o el afán de hacer lo correcto y no desdecirnos de una decisión grande o que la situación no da simplemente. También, fuerte y claro, uno piensa que si ya no funcionó no hay más vuelta que darle porque en segunda instancia tampoco lo hará (creo que este argumento no tiene ningún sentido pero tendí a adoptarlo igual y tú también; entonces nos pillamos como ayer y es como: qué rico pero me da cosita, pica, susto). Me quedo con todo lo que nos regalamos, porque fue un gran día.
Archivado en: Textos | Etiquetas: existencialismo, la vida, sensatez
Hoy dije que hace un tiempo había dejado de creer que la sensatez era una virtud. Así creo. Porque es limitante, porque no te permite ver hasta dónde pueden ir las cosas, porque es una cota, porque corta posibilidades, en fin, la misma idea en distintas palabras. La sensatez es segura, es “tranquila” y claro, impide fallar.
La falla. Yo me horrorizaba de las fallas, de las posibilidades de fallar en todo. Pues, casi no fallo en nada (por mis afanes locos de no fallar) y así resultó que me enfermé y perdí a mi amor. Porque no quería fallar, entonces uno falla más. Yo prefiero ponerle un corte a eso que a la vida, porque me caí mal, porque de repente vi que me había quedado sin nada.
Me estaba acordando que hace como un mes una persona que no es mi amiga pero que me ubica hace años se sorprendió (o se hizo la sorprendida) de que con mi ex pareja nos hubiéramos separado. Por supuesto agregó la frasecita: “Pero si hacían tan bonita pareja, qué pena”. Loco, a mí me dio pena. Yo perdí a mi linda pareja que es esa persona. La idea de la bonita pareja es un peso; de tanto escucharlo uno tiende a creérselo y a pensar que es algo que hay que mantener a como dé lugar.
De no haber sido tan bonitos los dos es probable que nos hubiéramos separado antes. Es probable que nos hubiera pesado menos la separación y que en general todo hubiera sido menos complicado. Porque cuando uno tiene una relación tan linda no hay espacio para fallar. Parece. Parece, pero no es así.
Yo de pronto, ha pasado un buen rato ya, he dejado de creer que fallamos. O que si fallamos no tiene ni tuvo nada de malo. Por eso también de pronto me asombra escuchar esa sensatez ahí presente, que estuvo tanto tiempo limitando y haciendo lo mismo ahora. El “no podemos estar así toda la vida” que yo lo acepto si la otra persona lo piensa de verdad pero… ¿por qué no? ¿es que hay que estar sonrientes y bellos para la foto todo el día? o al revés, nos conocemos tanto que es tan terrible que hagamos como si no… ¿es que hay una forma de ESTAR? Nah.
Por eso me explicaba y le decía que por mi lado sensato claro, mejor hacer el cambio de actitud ya. Por el otro lado, no respondo de mis actos futuros y respondo de lo que hice hace una semana y con lo cual ya no estoy de acuerdo. Mira, la cagué porque no siento ni quiero eso que te dije. Mira, si me dices que no es no pero me sonrío aunque me dé pena porque no me suena a que sea la primera vez que determinas y luego no mantienes. Y no tiene nada de malo. Errare humanum est, señor.
Con lo que digo no hago un desafío para que quienes optan por la sensatez voluntariosa y no por los actos ganosos se mantengan en sus determinaciones hasta el final. Es solo para decir que hay que dejar siempre abierto el espacio para la falla, para la entrañable falla que nos pone vulnerables, pero nos hace más libres.
(Yo opté por actuar con la tripa, no con la cabeza y miren que ni siquiera el corazón… la tripa).




