Archivado en: Libros, Textos | Etiquetas: enfermedad, humanidad, la muerte, la vida, Libros, periodismo, peste
He estado leyendo un libro sobre la peste. La peste bubónica, al parecer. Un libro publicado en 1722 y que trata sobre el brote que hubo en Inglaterra entre los años 1664 y 1666. Es una crónica que, debo decir, huele a periodismo muy bueno (oh, no, me he convertido en un periodista, tal como me lo temí años ha). El autor, Daniel Defoe (el mismo de Robinson Crusoe que de paso aviso que no lo he leído aún), tenía solo cinco años al momento de la peste, así que poco podría recordar y menos haciendo los relatos que se hacen en el libro.
Lo compré porque decía que era una historia real ficcionada, o algo así. Bueno, leí después por ahí que era muy probable que la principal fuente fuera el tío del autor, sus memorias o testimonios. La idea es hablar desde la voz de alguien que se mantuvo viviendo en Londres durante la epidemia. Y es verosímil, aunque tal vez no se lo hayan creído tanto en el momento de la publicación.
Además que este personaje/narrador trata de ser lo más fiel posible y deja en categoría de rumores todo aquello cuanto no pudo comprobar con el paso del tiempo, lo mismo con hacer una descripción creíble de la ciudad en sí; calles, edificios, parroquias, harto lugar específico. Destaco esto porque al año siguiente de la peste vino el gran incendio de Londres y tras esta nueva calamidad reconstruyeron la ciudad de una forma distinta así que el lugar sobre el que escribe ni siquiera ya era el lugar en que vivía.
Todo esto me ha recordado harto a la investigación periodística y ajá, he sentido cierta satisfacción de ir reconociendo ciertas prácticas y también un agrado de leer. Me ha gustado más que leer otros libros del periodismo, que en general mucho no los disfruto.
Con respecto al estilo literario, dejémoslo también en estilo informativo. No hay mucha imagen, alegoría, epíteto. Tampoco es seco, es bien descriptivo, aunque sí asoma una subjetividad manifiesta porque el hablante es un habitante de Londres, que a fin de cuentas está viviendo en medio de la plaga, es una persona con temores, con apreciaciones, que siente pues. Y la hegemonía… la misericordia de Dios es invocada a menudo; lo mismo que se critican o, más bien, se comentan con cierto desdén piadoso las prácticas paganas.
Guardando las proporciones entre este mundo y el de entonces, pensaba en nuestra influenza porcina que tuvimos y que asustó a todos. Eh, no nos asustamos mucho. O sí, pero estamos bien distintos. Entre los avances de la medicina, las políticas de salud y los medios de comunicación anduvimos con un manejo algo distinto. Me pregunto qué pasaría si algo así se saliera de control, a qué cada uno recurriría. Raro.
En el libro no se hace mucha filosofía. De hecho, se asume la enfermedad como un castigo divino que casi los pobres deben enfrentar por los excesos de la Corte, que por cierto, fueron los primeros en emplumárselas de Londres y quedaron vivitos y coleando. Entonces llegó la peste y a salvarse; casas clausuradas (sobre eso debería escribir algo especial), bubones, carros de la muerte (eso es death metal mismo), conjuros, remedios inútiles, fosas comunes, etc.
Y muchas muertes terribles**. Mucha desolación. Y aún me queda la mitad del libro, pero ya me ha dado mucho para pensar.
*Las danzas macabras, o danzas de la muerte, son una serie de escritos y grabados que se hicieron durante en distintas partes de Europa durante el periodo de la Peste Negra (siglo XIV). Lo que dicen en suma es que todo vamos para allá mismo.
**Entre 70 mil y 100 mil muertos.
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