Venía en la micro hacia mi casa y escuchando a T(I)NC y recordé al guapo de Dennis Lyxzén. Pensé: “Si hubiera un Rock of Love con él, me postularía”. Súper ridículo el pensamiento, pero me llevó a ponerme a pensar con quién más participaría en algo así.
Conclusiones:
Lyxzén, claro.
Graham Coxon.
Y si hubieran existido esas cosas en los sesenta y yo también:
Bob Dylan.
John Lennon.
(No quiero na, gua).
(Ojalá que no aparezca Rodrigo diciendo que Dylan nunca fue mino… aparte que ahora Dennis Lyxzén está igual a él con su look de cabello natural).
*No me quiero desperfilar con esta entrada, pero fue algo curioso que pensé en la micro…
Ahora que ya terminé de escribir para el ramo de libros, quiero hacer unos apuntes musicales que he pensado en estos días.
Number one. Me propuse terminar una de mis canciones esta tarde. Lo conseguí, pero con el peor de los éxitos. I give up. La melodía preciosa y la letra digna, pero toqué tan mal que me descorazoné y terminé cantando sola (muy bonito, eso sí me gustó). Necesito a mi compañero de canciones.
2. No fui a todos los shows que Rodrigo apuntó en su blog, pero casi. Al del jueves en la noche no. Ya que él ya hizo sus apreciaciones, pueden leerlas ahí, ajajajajaja. Iba a hacer las mías, pero no sabía que él había puesto unas ya así que sería todo. (Aprovecho y lo convierto en rostro de mi entrada, por su actitud Rock).
Tercero. Dixie Chicks me gustan mucho. Me acuerdo que a poco andar con Rodrigo me preguntó si las conocía. Le dije que sí. Me preguntó si me gustaban. Le dije que obvio. Me di cuenta el martes de que cuando “respaldé” mi información antes de formatear el compu se me fueron todos los discos de ellas, menos uno que tenía en unos dvd del respaldo anterior. “Respaldé” súper bien. Lateada, me puse a escuchar el disco que me quedaba, que era el último.
Un tema “Silent house” fue el que ocupé en mi entrada Atrevimiento, en la parte del country. Otro que me gusta mucho es el de homenaje a Buddy Holly (era que no). Es que nunca baja la guardia y no decae la energía. Y lo interesante de las Dixie Chicks conmigo es que hacen que me den ganas de aplicarme y aprender a tocar cuerdas. Y tener una banda con puras chicas, para que entiendan los temas y cantemos bien almadas. Lo más interesante es que tienen estos temas femeninos, pero no son “antihombres”, como dijo mi hermano el otro día.
Aparte son top, jajajajajajaja. (No, eso no va).
De regalo la mentada “Silent house”:
Y “Lubbock or leave it”, que hace relación a Holly y al pueblo de donde vino (Lubbock, oh). Una de las chicas viene de ahí también y me imagino que debe ser un lugar “maravilloso” y “emocionante”. Además tiene esos simpáticos versos de la intertextualidad:
“Oh, boy, rave on down loop 289
That’ll be the day you see me back
In this fool’s paradise”.
Quiero dejar de cantar y ponerme a escribir de una buena vez.
Llevo haciendo lo mismo por más de un mes y no logro pegar bien mis palabras.
De milagro recuperé mi voz y me puse a cantar como hace mucho no podía, pero no pude agarrar bien el lápiz, perdí la resolución para ello.
Porque ya no me atrevo a decir tal o cual cosa.
Melodeo, ya no escribo.
Leo por aquí y por allá unos trozos de Maldoror y recuerdo otros de Altazor, sobre piojos y vírgenes mágicas.
Y el típico: “Siempre digo adiós y me quedo”.
Yo cuando digo adiós me voy. Lo estoy repitiendo, ya lo debo haber escrito antes.
Porque hace un tiempo le había dejado toda la carga a dios y me despreocupé de mis ocupaciones. Dejé todo en sus manos y me llegó de vuelta toda la responsabilidad.
Me quité los anteojos para no tener que mirar todo eso.
Entretanto le cantaba we’re not playing a game anymore, you don’t have to be so defensive.
Porque yo duermo tranquila hace un tiempo, cuando le perdí el miedo a mirar a través de mi ventana sucia por las gotas de la lluvia y el polvo que trajo el viento después.
No hicimos cuenta regresiva como los fans de Harry Potter el día del lanzamiento del último número. Los cinco minutos pasaron y las luces se apagaron. Se me apretó el estómago y la gente empezó a gritar. Fanfarrias. Exóticas fanfarrias. Una voz en off tipo Las Vegas presenta a “el máximo” exponente del rock and roll. ¡MISTER BOB DYLAN! Y entró caminando como si nada con la guitarra colgando del cuello. Rodrigo se apresuró a grabar y no lo miró cuando llegó… yo le dije: “¡Rorro, míralo!” Es que yo quería tener más ojos para verlo y más memoria para acordarme de eso por mucho mucho tiempo.
Entonces me quedé sin poder cantar ni nada. Me quedé agarrada a la baranda de la platea alta mirando a Bob. Me puse a pensar mil cosas mientras escuchaba y observaba. En todo el espectáculo no me importó que cambiara versiones ni que ya no cantara. A ratos pensaba: Hemos venido a ver a un declamador. Daba lo mismo, siempre supimos que iríamos a ver a un declamador. Más bien, fuimos a ver a nuestro declamador favorito.
Lo que pensé en varios momentos fue en el precio de la entrada. No estuve segura si estuvo justo el precio que pagamos o no. Que quizás debimos haber comprado una entrada carísima o una más barata, pues para el caso igual mezclaron a la gente en la platea alta con la de galería (a fin de cuentas nos cagaron igual, aunque pasó piola).
Me imaginé cosas rebuscadas como: “Qué fortuna. Él vio en vivo a Buddy Holly en su última gira… ha sobrevivido para que yo pudiera verlo a él”. Eso lo encontré mágico, una especie de ciclo, como de cambio de aire y de ambiente. Algo así como esos seis grados de separación entre una persona y otra. Ambos estuvimos en la misma posición… algo muy místico.
A partir de esa primera relación llegan muchas más. Que los Beatles, que el Johnny Cash, que la Joan Baez… puras leseras más que conocidas. Puras leseras que dimensioné con Dylan ahí en el escenario. Uno más de todos esos nombres estaba ahí en el escenario, tocando para uno y solo habíamos pagado 27 mil pesos para eso. Claro, tocando para nosotros y 9 mil más, pero nunca antes había tocado para nosotros (aunque le importe poco).
Quizás por eso algunos se molestaron con el cambio de las versiones. A fin de cuentas uno paga por un servicio: ¿por el tipo y sus canciones? No se podía pedir devolución por el estado de su voz, por su distancia con la audiencia. Tampoco creo que se pueda pedir devolución si no reconocieron la que fue por años la canción favorita. Creo que el servicio era: el significado del tipo. Nuestro declamador favorito con nuestras canciones favoritas, interpretadas por él.
Hola, hoy quiero hacer un alto en el tono de mi blog para destacar un tema musical que me intriga hace una buena cantidad de meses (demasiados).
De de los mil éxitos que el reggaeton nos ha entregado en los últimos años, ninguno me ha quedado más grabado que “Perdóname (si alguna vez)”, de La Factoría feat Eddy Lover. Debe ser porque las partes masculinas son interpretadas en falsete y dicen precisamente “Si alguna vez/ sentiste algo lindo por mí/ perdóname/ perdóname”. Escuchándola siempre a la pasada solo podía entender que el hablante lírico estaba lleno de arrepentimiento y rogaba, suplicaba con su voz casi pendiente de un hilo, por el tan ansiado perdón.
Regresaba de El Mercurio esta tarde en la 503 cuando me aburrí de escuchar cómo masticaban chicle con la boca abierta y hacían globitos los dos pasajeros de mis costados. Agarré Iriver y recordé que aún no le saco el concierto de Bob Dylan así que puse la radio. Por cierto, me fui a Oasis, pero cantaban en italiano así que retrocedí un poco. Llegué a Corazón FM 101.3 y me iluminé: “Quiero escuchar esa canción que dice perdóname, perdóname”. Como en dicha estación suelen repetir sus mayores éxitos me dispuse a esperar a que la programaran y tuve esperanzas de que sería durante el trayecto a mi casa.
Promocionaban un Cd editado por la radio con los mejores temas del reggaeton, que por supuesto incluía el que yo andaba buscando. Al rato comenzó “El Carnaval de la Corazón”, con Dj Pinky, que le mandó un saludo a Leo Caprile por haberle dado consejos de locuteo y comenzó la música. “Nos vamos con todo en el día de hoy, con La Factoría”, anunció veloz. A mí el nombre del grupo no me dijo nada, pero sí los primeros sones. ERA LA CANCIÓN (y yo tenía demasiada suerte).
La historia resultó ser tan conocida como conmovedora…