I.
Me despertaron las campanas de la iglesia. Las campanas que hacen campaña para que uno vaya a la iglesia.
Pensé con muchísimas ganas: “Que sean de la misa de doce, que sean de la misa de doce”.
Miré la hora y había sido traicionada. Dios no entiende. Era la misa de nueve.
Dios no entendió que me despertó con la campaña de evangelización justo cuando estaba en medio de un sueño agradable.
En castigo, no fui a la iglesia, claro está. Me quedé reconstruyendo el sueño que Dios me había quitado.
Comía papas fritas en una plaza de Buenos Aires con personas que sin duda amo. Me visitaban y yo estaba muy contenta de verlos y mostrarles un poco la ciudad.
II.
Era tan temprano. Querría haber dormido hasta las once al menos. Eran las nueve y estaba tirada en la cama pensando en un sueño tan agradable como mentiroso. Tan agradable como falso.
El paso siguiente fue imaginármelo en la realidad, ¿podría realizarlo alguna vez?
Sí, es cuestión de tiempo, pensé, y ni siquiera tanto tiempo.
Luego se empezó a oscurecer todo, empecé a sacar cuentas y a extrañar a la gente.
Pensé que mejor lo seguía imaginando después, cuando ya estuviera más cerca.
Este año, mínimo, seguiré por aquí. Eso está casi decidido (siempre y cuando algún suceso extraordinario se presente y cambie la resolución actual).
III.
Más tarde seguí un consejo de conquista que me dio una amiga hace un par de años. Dos años y un poco más. Poco más. Me recogí el cabello con una gran pinza en un tomate. Me miré frente al espejo y me moví la chasquilla hacia ambos costados de la frente (“costados” de la “frente” es algo curioso… en fin). Pensé que siempre la había echado hacia la derecha y que quizás pasaba algo si mañana amanecía con el pelo para la izquierda.
Una conjunción planetaria.
Un desastre ecológico, que si bien lo imaginé, luego concluí que sucederá si me peino con mohicano, con afro o me hago el peinado de Ronaldo en el mundial del 2002. No dependerá tanto de mi cabellera.
Bueno, regresando al ritual inspirado en las palabas de mi amiga, seguí frente al espejo muy atenta ante algunos detalles. Desaparecieron y me reí un poco. ¿Dará resultado? ¿Será como esas cábalas?
El arquero Pato Toledo ponía un peluchito agarrado de la red en todos los partidos.
Quizás debí haber ido a misa y no haber sido un 17% más vanidosa que todos los días.
No. No diré “amén”.
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