Archivado en: Textos, Vivencias | Etiquetas: amiga, amigas, amistad, huracana, jabiera, javiera, laqueahh
Por un lado, siento que debería escribirte esto que te conté. Por otro, tengo que escribir unos correos electrónicos a otras personas y por motivos más fuertes que el simple amor.
Me emocionó cuando me dijiste en la tarde “¿me quieres?”, por eso te respondí “te quiero mucho”. De ahí más bonito todavía la prueba de confianza que me pusiste y que yo hasta el momento, al menos de manera nominal, respondí tan bien.
Del resto no nos hemos portado muy bien, porque de decir, al menos yo: nunca un marista, ya viste lo que nos pasó. Y que tú, quizás por escondérmelo para evitarte la molestia, jamás me dijiste que aquél era marista. Nosotras, como mercedarias, los teníamos casi como destino y a mí, maní. Hasta que me dijeron el otro día que el que ya sabes era po. Un balde de agua fría, ajajajajaja.
Luego he tratado de buscar otras vías que me lleven a la felicidad, como la prueba extrema, propusiste tú que de agilidad, en las Torres del Paine, que para allá iré aunque lo dudo que en las condiciones que te explicaba. Nada de pruebas de agilidad, aunque te confieso que me encantaría. Ya lo sabes.
Todo esto del IRA se me va a olvidar en un par de semanas, si no en diez días. Dudo que a ti te pase lo mismo, en todo caso. Con esto que acabo de escribir se me olvida la amistad y entro en el plano de la maldad, pero me conoces, nuestro amor es así, tú alla y yo aquí.
Hemos querido encontrar el amor, hemos querido casarnos sin tener con quién y sacando las cuentas vamos maoma nomás. Pal caso, yo creo que tenemos más tiempo que el que tú crees que tenemos, ergo, soy más optimista (mentira, yo ya perdí todas las esperanzas dado mi carácter huraño).
De todos modos quiero decirte que le echaré valor junto a ti, porque no nos podemos quedar así, en especial no pasando el Año Nuevo en Chicureo pues no nos va ni nos viene. Y ya no quiero comentar nada más porque me dijiste algo que me dolió y en pos de conservar nuestra amistad mejor no.
Dos cosas:
1. Una mujer tiene que hacer lo que una mujer tiene que hacer.
2. No basta con parecer un hombre, hay que serlo.
Yachao.
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Acaba de regresar conmigo la entonación que se perdió mientras dormía la siesta. Entretanto otras cosas se fueron, que yo dejé que se fueran. Para nunca más.
Me queda un tanto por tejer y una infinidad por cantar. Nos encontraremos más seguidito. La última vez que escribí aquí fue en medio de mi retiro ontológico, que hice en Viña del Mar. Hoy: parte de los resultados. Ya hablaré con más ganas.
Buenas noches.
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Entre paseo y paseo, creo que me quedo con la vista, con la experiencia del sol sobre el mar.
Hasta la vista, baby.
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Le compartí sin intención un elemento del Google Reader. Después se lo envié al Gmail, mejor. De ahí cuando revisó su Inbox, en mi presencia, me dijo: “Pero si yo también lo leo (ese blog), tú me lo recomendaste”. Le dije: “Sí sé, pero era para que lo comentáramos (el artículo)”. Continuó: “Lo podemos comentar igual si me lo dices”. Es decir, si se lo comentaba, ¿no? Todo risas mediante.
Luego desde su Google Reader, al ver que sin querer le compartí un elemento, me dijo: “No me gusta eso de los seguimientos y los elementos compartidos, ¿te puedo borrar? ¿no te molesta?” Le contesté: “De ninguna manera, a mí tampoco me gustó compartirle a todo el mundo esa entrada, quería hacerlo contigo pero se mandó a toda la gente, por eso después te la mandé a tu mail y lo descompartí, por qué iba a querer que los demás se fijaran en ese artículo, no tiene sentido”. Seguí: “La verdad ni me fijo en lo que los demás ponen, debo decir, por eso tampoco les comparto”. Ahí soy poco “social”, poco social de la web, bueno, en la vida real también, se sabe.
Y sentados frente a la misma pantalla nos dimos a comentar el dichoso artículo. Cara a cara. Fue una buena experiencia compartirlo así. O sea, que ciertamente lo compartimos, con una empatía existente, no de decir: “Miren, aquí está lo que me interesa, demás les interesa a todos también”. Nah, es que yo como que no tiendo a creer eso. Pero sí que a él le puede interesar, porque nos conocemos. Eso no lo cambio por ninguna herramienta de elementos compartidos. Compartir con la gente de uno, todo risas mediante.
*(Como cuando fuimos a comprarnos celulares y fue como hacer un trámite, por eso uno se siente como en casa, ¿no?).
Archivado en: Links, Textos, Vivencias | Etiquetas: blog, a lo poeta, por divertimento, nuevo blog, décimas, verso
Hace un par de semanas empecé a escribir un blog nuevo. La idea es ir poniendo versos en décimas para ir ejercitándome en eso. Se llama “Versos por divertimento” y va con harto ánimo. Creo que he puesto 3 versos ya y ahora me animaré para ir por un cuarto. Yo lo que espero es que lo visiten y le den apoyo tal como aquí.
¡Visítenlo! De antemano muchas gracias, jajajajaja.
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Fuimos a dar una charla, cantamos también; nos despedimos, compramos algunas cosas para el almuerzo, subimos, pusimos música, listo el almuerzo, almorzamos, servimos el postre. No tomamos ni té ni café.
En el sofá nos dormimos, me despertó I am the walrus. Me puse a mover la patita, él no se despertó aún. Abierto el ventanal, entraba la ciudad con muchas ganas y un poco de brisa. Y yo sin poder decidirme entre si quería decir “así es la vida” o simplemente “esto es vida”.
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“Blue moon, you knew just what I was there for
You heard me saying a prayer for
Someone I really could care for”.
Todos los versos se hicieron ciertos entonces. Cuando entonces sí tenía a alguien a quien cuidar de verdad, alguien a quien querer de verdad. Y entonces pensar que sería la única persona a quien mis brazos podrían tomar. Extraño, extraño porque entonces yo creía que esa persona ya no sería la persona. Pero hubo ese momento, ese momento en que la luna se puso de oro y sentí que sí, aunque fuera solo ese rato.
El momento del resplandor fue, claro, de noche. Yo pienso que esa vez sí estuve enamorada de él. Y él de mí. Por esos días estábamos listos para no querernos más, para decidirlo. Sin embargo me acuerdo que a tientas entre la noche nos fuimos subiendo una colina, llegamos a unas dunas altas, entre medio de unos arbustos pasamos trastabillando y llegamos. Era tan oscuro y con todo se podía ver el mar, los acantilados y la noche… con la luna.
De la mano, abrazados, besándonos. Como fuera estábamos juntos ahí y yo me acuerdo que de pronto no podía ni verle los ojos pero estábamos ahí. Yo andaba tan seria, melancólica todo ese tiempo, un poco triste quizás. Y los dos medio separados como andábamos por esos días nos tiramos en la arena dando la espalda al océano. Mirando al cielo sin mirarnos, sin tocarnos.
Nos quedamos callados mucho rato. Después nos dimos las manos y nos quedamos así en la arena fría. Bien fría. No sé por qué me he estado acordando de esto tanto los últimos días, tanto como para llegar a escribirlo. Nos volteamos y nos quedamos mirando, “mirando”, porque mucho no veíamos. Él, por lo que me acuerdo, era bonito, con ojos dulces y sonrisa ídem. Entonces fue.
(Fue que when I looked my moon had turned to gold).
Y ahora de todo lo que había pensado tenía la intención de dar más detalles. De lo que hicimos, de lo que nos dijimos, de sensaciones. Y ahora que estoy escribiendo me da algo de pudor. Dónde andará él que quizás si lo lee no vaya a gustarle o tal vez sí. Ya sé tan poco de él. Pero me gustó besarlo esa vez tanto como la primera vez, años ha ahora. Y por los mismos años que han pasado creo que sería poco fiel. O lo encontraría más lindo o más feo, más o menos encantador.
O quizás ni haya estado tan enamorada de él esa noche. Aunque sí creo que en una cosa así que está a medio morir cantando sí hay esos chispazos de amor, de re-amor que dan para sentir que se parece a la vida otra vez, para temer, para sentir en el estómago y en el pecho y en todo el cuerpo que queda; no, no que queda, que existe el lazo. Y esa noche fue así, muy cierto, fuerte. Intenso para la edad que teníamos. Qué lindura los dos, pienso ahora. Una sonrisita me viene, creo que no puedo evitarlo.
Hace unas pocas semanas tuve mi última blue moon y claro que se sintió muy bien. Muy bien. Sin nostalgia, son los momentos que hay que aprovechar. Porque ocurren suddenly. Así aparecen los mejores y aunque se vayan queda la buena sensación, la sensación adecuada. Parece que a través de los siglos. Tantas lunas sin verte.
*El tema en la versión de Bob Dylan porque fue el que me trajo todo esto. Belleza.
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Parece que fuera yo quien tiene una marraqueta en el lugar donde debería ir el corazón. Esto lo pensé después de hablar sobre las cosas del amor tan impasible como si fuera una cosa académica. Muy seria, muy entera, muy marraqueteada. Y que no me diera ni pena, ni alegría, ni conmoción alguna. Será que me está pasando eso que le dicen “move on”. Am I moving on? Did I move on? Por cierto me resisto a dar una respuesta, porque parece también que hace meses que nada es definitivo ni fijo. Pero cuando me di cuenta de mi actitud tan parcial es como: mmm, parece soy yo la de la marraqueta. Soy la última persona que no quiere que le importen las emociones, soy la última en no querer remecerme con las cosas, pero hablé de las relaciones tal como hablaría de métrica. No me juzgo, es la vida nada más.




