Una de mis noticias favoritas en la revisión de la prensa fue una del New York Times. El jueves y el viernes Joanna Newsom interpretará su último disco Ys junto a la Orquesta Filarmónica de Brooklyn. Eso va a ser un lujo y yo por mientras, que deberían mandarme a cubrir ahí (jojojojo), estaré en la Gala de Frutillar, que tampoco es malo.
Y de lujo en lujo musical, regreso a José González, que lo estuvimos viendo con Rodrigo Alarcón en el Cine Normandie la semana pasada. Aprovechando la tecnología, Rodrigo subió unos videos que los pueden encontrar en su blog. Yo ese día lo pasé estupendo con los artistas, más o menos con el público.
Dënver no es de mi gusto, sin embargo, creo que estuvieron bien bien, si no fuera porque algunas pistas sonaban muy alto y se perdían las voces y los instrumentos en vivo. De todos modos ellos me provocan simpatía y la primera vez que los vi fueron algo muy distinto a lo del jueves. Está además ese tema que es el perfecto hit, que canta solo Mariana (Miedo a toparme contigo), que aunque Natalia se ría de “y soy un barco a la deriva”, es valiosísimo.
La verdad es que para ellos espero que el disco les quede sonando precioso, porque los escuchaba ese día y pensaba en el sonido limpio, prolijito y dulzón que podrían sacar y me dieron ganas de llegar a oír eso pronto (incluso cuando yo no prefiero esas músicas, pero me quedé metida). También espero para ellos que les toquen públicos más respetuosos, porque cuando tuvieron que encontrar rica a la chica y silbarle y gritarle cosas lo hicieron, pero cuando los Dënver quisieron hacer un show completo, empezaron a gritar pidiendo a González. Mal.
Ahí pues, yo me empecé a enojar con la audiencia, porque no dan oportunidades ni a los que están en el escenarios ni a ellos mismos. Yo, con todo lo que no me atrae el estilo de Dënver, los escuché con mucha atención completitos y pude rescatar estas cosas que anoto: que están haciéndolo muy bien y que su disco es esperable, por completo. Dejaron la invitación para el lanzamiento, que aunque no sé si lleguemos a ir (no creo, pero nunca se sabe), ahí está.
Y entonces uno podía pensar: “Claro, vinieron a ver al González y no a los Dënver, entonces se quedarán más tranquilos ahora”. Los niños de San Felipe se fueron en medio de un murmullo incomodísimo que duró los últimos dos temas. José González fue un griterío de nunca acabar, mientras sonaba una música que, me parece, requiere de atención y concentración. Hay que escuchar y como gritaban todo el tiempo, era más difícil la tarea.
Yo me arrellané en mi asiento y oí. A veces con los ojos cerrados, porque la tormenta de flashes me puso los ojos muy sensibles y me molestaba ver. Y a veces con los ojos cerrados, para apropiarme de la sinuosidad. Me preguntaba qué estaban escuchando los demás. Si el inglés de González no es tan sencillo de descifrar y como la gente acá en general es buena para el engrish, era raro que fuera por oír la letra.
A veces gritaban, en general gritaban: “¡wooooooo!” La emoción que tenían me parecía extraña. No supe si eran ellos los que escuchaban mal o yo. Un tipo detrás nuestro se las mandó: “¡Wena Peepe!!” Me imaginaba a la Javi volteándose para hacerle el signo de la bacanidad, pero ella no pudo ir. Lástima (más o menos). Llegué a pensar que me había puesto grave y fruncida por la otra música que vamos a ver y que por eso pensaba: “Loco, qué incultos, cómo no escuchan atentamente, cómo gritan tanto”.
Pensé que la loca era yo hasta que llegué a Página 12 en la revisión de la prensa, jajaja. Ahí estaba el comentario del show en Buenos Aires. Sin Dënver para que los pifearan (aunque quizás allá no habría sucedido) y sin griterío a cuestas. Hablaba con Rodrigo por teléfono hace una hora y le comentaba esto: “Podríamos haber ido a verlo allá”. Ahora les cuento a ustedes que los argentinos escucharon al José González con “un respeto casi devocional”, según el texto de Roque Casciero. El mismo respeto casi devocional que yo no pude entender por qué faltó en el Normandie.
*De paso nos enteramos que en dos sitios han puesto los videos de Rodrigo sin darle crédito alguno. Y en uno de ellos se habló muy por encima de Dënver, así que fui a comentar algo, pero solo eran 350 caracteres. Lástima que no podrán leer aquí la reivindicación, jajajaja. Que la verdad ni creo que la necesiten, pero me dio lata la escritura tan por encimita. No me parece que sea llegar y comentar, por eso aquí dejé solo unas “notas”.
(La foto de Dënver, llamada “Milton y Mariana”, la saqué de Flickr, tomada por Pablo).