Hortensia


La revisión de la prensa
Miércoles, Enero 23, 2008, 10:51 am
Guardado en: Links, Periodismo, Textos, Vivencias | Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Pac man, quequitosPor las mañanas en El Mercury revisamos la prensa. Yo me entretengo en muchas noticias que no irán jamás en la sección, porque no tienen que ver con la Actividad Cultural. Como no puedo usarlas para mi labor periodística, pero quisiera compartirlas con más lectores, las pondré aquí, junto con publicidad gratuita para mis amigos que se desempeñan en distintos medios de comunicación.

Yo escribo sobre puras cosas ñoñas, encantadoras, pero que no aplican para este momento de artículos que recomiendo. Espero que les gusten y que lo pasen bien:

Ringo no aguanta que le corten su nuevo tema Liverpool 8 y se va de un programa de TV, CNN.

Peggy Sue saca un libro (insolente) en que asegura que Buddy Holly quería escaparse con ella y dejar a María Elena… ridícula, Times.

El especial sobre el centenario de Simone de Beauvoir, conmovedor, Radar de Página 12.

La galería de dulces geeks, por Tamara Toro, Mouse.

Exposición sobre la Minipimer en España, El País.

Entrevista a José González, por Rodrigo Alarcón, La Música de Emol.



El Ariel
Miércoles, Enero 16, 2008, 1:45 pm
Guardado en: Fotografía, Textos, Vivencias | Etiquetas: , , , , , , , , ,

Rodrigo y Ariel

Originally uploaded by hortensia violencia.

Arreglé el collar que me dio Ariel. Lo vimos hace un par de semanas mientras paseaba por Chile en su camino hasta Colombia. Nos sorprendió con un llamado telefónico mientras estábamos en Pichidangui, cantando y tomando mate en la playa nublada.
Iba en la Rolling Stone en la mañana y le hice unos nuditos para que no se le cayeran las cuentas. Las cuentas que en realidad son semillas. El collar lo trajo de Cuba, en un viaje previo a encontrarnos en Buenos Aires el verano pasado. Durante todo un año Ariel nos invitó a su casa para un asado. Le llevamos desde Chile un vino tinto de regalo y cuando tocamos el timbre de su departamento en San Telmo nos anuncia que se le rompió la parrilla. Nos insistió en que lo fuéramos a ver todo un año y cuando al fin llegamos nos da carne al horno.
Así y todo, Ariel nos introdujo al gusto por el fernet. En esa misma invitación compartimos una botella de Branca y quedamos encantados. Luego lo degustaríamos brevemente en Laguna Verde y compraríamos una botella en el “supermercado” de Pichidangui en las vacaciones previas a la práctica.
Ariel nos llevó a conocer museos bonaerenses, pero solo logramos entrar a uno, el MALBA. Había obras de Pedro Figari, el uruguayo que yo había visto en un museo en Montevideo y que es tan admirado por la gente del candombe. Figari pintaba la vida de los negros rioplatenses y eso es lo que tanto se le admira, además de su técnica y expresión.
Nos mostró la Guía T para saber cómo llegar al terminal fluvial de Buquebus para poder embarcarnos a Colonia. Nos llevó a un bar estupendo, cerca de nuestro hostal El Aleph en San Telmo, nada fruncido y bien del rock, que es lo que más disfrutamos. Nos hizo reunirnos con él y su amigo Martín, el peronista marxista, en Plaza Dorrego (que es un sitio muy turístico para “la joda”) pero después nos dio unas vueltecitas hasta el otro lugar. Volvimos como a las 5 al hostal, caminando con casi 30° que no habían bajado en toda la noche. Lindo Buenos Aires.
Rodrigo conoció a Ariel en sus vacaciones junto a Alfredo en Mendoza (2006). Yo lo conocí el 19 de marzo de ese mismo año porque el argentino después se vino para acá y nos juntamos en la casa de R. nos tomó unas fotos que después mandó y salieron enanas. Éramos como un emoticón de nosotros mismos. Un emoticón que solo la Javi habría usado. (más…)



Apuntes nocturnos
Viernes, Noviembre 2, 2007, 1:10 am
Guardado en: Fotografía, Textos, Vivencias | Etiquetas: , , , , , , , , , ,

(Sobre mi vida y la muerte, no la mía).

Las estadísticas me dijeron que vamos en la semana 43 del año 2007. Significa que me queda menos tiempo. En otra vida estuve enamorada de una estrella del rock. En esta vida estoy enamorada de él. Cuando pequeña sí leí a la Gabriela Mistral y ahí comencé a escribir poesías. Amaba la cosmogonía griega y aún pienso en el pobre destino de Narciso. Cuando tenía 8 años con mis ahorros me compré Alicia a través del espejo y cuando tenía 19 años con mis ahorros me compré mi cámara Nikon SLR. Fue en octubre del 2005, el mismo día que salieron a andar a la calle las micros cuncuna, las “Transantiago”, antes del Transantiago en sí. Uso el mismo perfume desde hace diez años. Las últimas hojas de mi ex diario de vida las arranqué para escribir la primera carta de amor a él.

He perdido una amiga, un amigo, y a otro y a otro y a otra más. Así varios, así me quedan pocos. Una vez en la pubertad vi a mi mejor amiga besando al niño que me gustaba. De ahí que no supe qué era la amistad. Empecé a leer a la Simone de Beauvoir después de que Lésmer nos comentara La Mujer Rota en octavo básico y porque salía en una canción de Petrograd. Siempre quise que mi pareja fuera culta, que nos pudiéramos dar conversaciones interesantes. Pensaba en eso o en tener un hijo sola y que viviéramos en un piso con balcón a alguna callecita en París. Nunca he estado en París, pero lo recorrí en muchos libros. También quise en mi adolescencia que mi pareja fuera un rubiecito con cara de niño como Rimbaud. Tenía un novio moreno muy moreno con cara de niño. Me escribió la carta más larga cuando se vio perdido, arrumbado en mis recuerdos. Yo crecía cuando él me leía su carta en Los Héroes. Una persona dulce, nunca más la olvidé.

He querido escribir poemas más lindos con palabras que no he conocido aún. Después cuando fui un poco más joven que ahora lo conocí. Era rubiecito con cara de niño, con el dejo de Rimbaud, pero con la rectitud que no estaba en el corbatín torcido de la foto del poeta. Caminábamos juntos y me adivinó que yo era Hortensia a causa de un poema de Rimbaud. No volví a pensar en él, aprendí de nuevo lo que era la amistad y me olvidé de su cara de niño, de su cara de Rimbaud. De hecho, hasta ahora que lo escribo no me acordé.

Otra carta que me mandaron desde un lugar oscuro la incendié. Con mis dedos la hice cenizas y la tiré a la basura. No quería oír esas letras que me amargaban los ojos. Palabras agrias que no eran para mí. Las tiré. De eso, de nada de eso quiero hablar. Hay personas que no me han hecho bien para vivir esta vida, no les he hecho ninguna mención en mi escritura, no merecen eso de mí.

Diez años hace que paseábamos por un gran centro comercial en Fort Lauderdale junto a mis tías. Me propuse terminar mi instrucción en el inglés. Compré El Jorobado de Notre Dame y parecía que nunca se iba a terminar. Cuando se acabó solo faltó que Miss Palacios me viniera a dar un remate en la gramática inglesa y quedé lista. Aprobé inglés. Eso hizo que estuviera al borde de la carcajada durante una entrevista al comienzo de la universidad con el profesor que me iba a dejar con “free attendance” por mi conocimiento del idioma. Él no hablaba inglés, sino australiano, el mismo idioma que mi prima Catalina.

El verano antes de la muerte de mi bisabuelita lo fuimos a pasar a El Canelo. Ella tenía ansias grandes de ver el mar. La llevamos en su silla de ruedas a mirarlo, le hicimos una corona de flores. Nos pidió que para su muerte le pusiéramos una corona de flores como ésa. Murió en julio de ese año y no estaban esas flores que ella nos pedía. Le pusimos una artificial comprada en una tienda de novias. Ella me enseñó a cantar y a contar historias. Si ella no me dice, ustedes no se enteran de nada de esto.

Mi abuelita, que es mi bisabuelita, no sabía escribir. Era cantora en su tierra en el campo, así que sabía de melodías pero no de escrituras. Una vez cuando yo era niña le enseñé la letra A. La dibujó grande en un cuaderno mío que no sé dónde está. Mi abuelita, de todos los cielos que existen está en el más divino de todos, para que vean que yo sé donde ella está. A veces quiero conversarle y me apena, mostrarle mis cosas, cantarle, contarle. Me cuesta escribir décimas todavía, mucho más me cuesta improvisarlas. Estoy practicando, quiero escribir una canción para ella, para que me escuche y me encuentre buena. Me siento un poco guacha de mi abuelita, con un corazón menos aquí dentro, con un abrazo menos allá afuera. Todavía tengo a mi Mama, que es su hija y mi tía abuela. Ojalá que me vea y yo le guste, que yo todavía la encuentro tan bella.

Es tarde y mañana iré con él a trabajar, a buscar archivos judiciales y actas de sociedades anónimas. No es que lo disfrutemos, pero nos toca y lo hacemos. Por la tarde esperamos ir a la Feria del Libro, pasear, tal vez comprar, dependerá de los precios. De repente, alejándose del prejuicio de lo caro, salen cosas buenas y a precio conveniente en ese evento. Hemos tenido poco tiempo para la relación y para estar solos. Mañana pasaremos el día los dos, trabajando y haciendo cosas que nos gustan más.

Ayer me sentí mal y me puse como una ostra por extrañarlo en medio del trabajo. Me superó la situación, pero se lo pude expresar y creo que me ha entendido. Yo no le hago el quite al trabajo, pero tampoco es que me voy a olvidar de tener en cuenta al amor, que eso es de todos los días y en parte pienso que no puede esperar. Es de las cosas que hay que hacer en el momento y no se dejan para después, no tengo resignación para eso. Y ayer ya estaba cansada por tanto aplazamiento, así que mañana trabajamos y luego pololeamos. Así será la vida en el futuro y es tan raro el cambio de edad que nos tenemos que ir preparando de a poquito, todos los días para que no nos pille pajareando. Del futuro ya no hablo más, hace un tiempo que sé que es mejor ver qué pasa, con calma, con calma. Lo que sucede es que es tan distinto, y parece que hubiera llegado muy pronto, pero creo que me irá bien, solo tengo que seguir haciendo mi mejor esfuerzo, como en la vida, si total, es la vida de nuevo nomás.

Me voy a acostar, mañana me levanto temprano para ir a revisar las fojas y otras cosas con palabras que ya a esta hora no pretendo recordar. Bastantes apuntes sobre mi vida para una sola noche. Este blog por un momento se pareció un poco a mi diario y como no lo es, mejor me marcho.

Buenas noches.



Por las puras ganas de escribir
Jueves, Noviembre 16, 2006, 10:13 pm
Guardado en: Prosa, Textos, Vivencias | Etiquetas: , , , , , , , ,

Para hoy tengo ganas de escribir. Escribir un disfrute discreto y quizás alguno más magnificente. Estoy cansada, quiero dormir bastante y no podré todavía. Hay además unos desvíos infernales en el centro de la ciudad que me hacen perder una hora más del día arriba de la micro. La micro que es la 318 y que por ella hoy tengo un amor. Mi amor que se despidió de mí agitando su mano cuando la 318 se alejaba. A veces no alcanzamos a divisarnos y da un poco de pena, pues da lata despedirse, pero más lata no poder hacerlo.

Me pregunto qué tendría que estar haciendo en este momento en que escribo. Inventando un sitio para ancianos o buscando contactos de discípulos de Bruce Lee para un programa ficticio. Puros simulacros en este fin de año universitario, pues también debería pensar en algún argumento para un guión basado en alguna noticia. Pero yo estoy escribiendo en lugar de todo eso. Un poco descanso gracias a este ejercicio.

En agosto comencé un diario y que por supuesto hace tiempo dejó de ser diario. Sin embargo, lo he utilizado bastante y no lo he dejado aún, que es lo que me sucede. O sea, cuando me suceden cosas desagradables abandono diarios y tal. Como el año pasado con mi diario de tapas suaves.

Compré ese cuaderno para que fuera mi diario de viaje. Quería tener uno, una bitácora, qué sé yo. Hace un año, un par de días más quizás, lo abandoné. Mal. Y para el viaje ni siquiera lo llevé, se quedó en Santiago mientras yo estaba allá en Montevideo. Montevideo que no tiene la culpa de nada, pobre. Y ya ni siquiera sé si volveré por ahí este verano o no. Me gustaría regresar alguna vez, por cierto.

No sé si me gustaría recapitular sobre este último año. Lo hago, pero creo que no lo contaré. Tampoco es que escape de sucesos, solo que si me conoce quien lee también conoce los sucesos. Igual no me parece malo nombrar ciertos acontecimientos, yo quiero hablar de algunas cosas que me fueron pasando desde hace un año.

Es poco misterioso que las caminatas con Rodrigo fueron un acierto. Vinimos a darnos tiempo para el otro en el momento justo. Digamos que coincidimos en nuestro instante de buena disposición y luego fueron muchos instantes de buena disposición. Dos meses antes, por ejemplo, habría sido como siempre. Ahí estábamos y por algún motivo curioso no parecíamos personas con penas de amor recientes, las penitas del amor, del amor po. Yo me acuerdo de otros episodios que ya entonces me llenaban de gratitud hacia mi amigo, comenzamos a abrazarnos más, nos tendíamos eternamente y nunca olvidaré que dentro de toda la tristeza que teníamos ese viernes en los pastos cuando él me contaba su pena de amor yo sentí una alegría cuando me declaró que yo era su mejor amiga. De mejor amiga no pude decirle nada de lo que realmente pensaba que debía ser su modus operandi, yo no podía influir, no me queda.

Era la mejor amiga y yo le decía que no andaría con éste ni con ése ni con aquél. Al final le explicaba que con él sí andaría. No sé si lo anotó en su diario porque no sé si llevaba uno, pero lo recordó, hizo un apunte. Antes de que me dijera que quería una novia, que eso fue después, en enero, me dijo que cuando tuviera una le gustaría poder llevarse con ella tan bien como conmigo. Yo no lo anoté en mi diario, creo que ya lo había abandonado, pero también hice el apunte. No sé si ahora que tiene la novia se lleva tan bien como quería.

Así las cosas se fueron torciendo, él siempre era un joven atractivo a pesar de que cuando me preguntó cómo me gustaban los hombres yo respondiera: “Rubios no”. Y aunque siempre era atractivo, un muchacho bonito, eso no me significaba nada. Le debe haber pasado similar. Si yo hubiera tenido un carácter más festivo tal vez si hubiera sido de utilidad que lo encontrara guapo porque habría sido más desprendida para la dinámica juvenil de besarse, pero no lo soy. Y no fue hasta todos esos días que pasábamos echados, caminando, conversando, riéndonos, callados que recién vine a darme cuenta de que era un encanto. Y era estupendo cuando se reía, aunque eso tomó más importancia en las citas posteriores, y era estupendo cómo el pelo rubio le cubría más o menos la frente, cuando tenía el pelo cortito. Era un bonito encantador y conversábamos mucho. También olía bien, porque una vez en el auditorio decidí que iba a olerlo y me acerqué con descaro a su cuello y lo olí, para saber si olía bien. Me interrogó: “¿Qué fue eso?” Le respondí: “Te olí.”

Olía bien.

Me gusta que coincidimos. Que tal vez no debíamos darnos las oportunidades para pasar tiempo juntos pero lo hacíamos de todas formas. Yo pensaba que no y sin embargo lo hacía. Nos fueron pasando tantas cosas hace un año y lo más extraño es que yo creo que ninguno de los dos tuvo el interés por el otro de manera premeditada. Ciertamente yo no tenía intención alguna de prendarme de alguien otra vez. No me di cuenta y cuando tuve la sospecha no quise entusiasmarme; de pronto me vi inmersa en los acontecimientos, súbitamente con él tomándome por la cintura, besándome y yo sé que casi de inmediato enlacé mis manos en su cuello. Y ahí en medio de eso me puse fuera de mi posición y pensé que era muy enredado que amigos como nosotros estuviéramos besándonos así, justo esa noche, una noche un tanto desesperada, listos para quién sabe qué.

Ese capítulo, cabe hacer la precisión, no fue hace un año sino hace menos. Hace un año todavía andábamos dando la hora por otros lados. Pero después de eso fuimos inseparables aunque estuvimos bastante separados. Ja. Y sí, está comprobado que yo puedo vivir sin él y él sin mí, pero al menos por mi parte es como una vida de calidad inferior. Desde que nos reunimos no nos hemos vuelto a separar y somos en extremo mamones. Como la semana pasada en la plaza cuando yo le decía: “Así es cuando uno se enamora de verdad, ¿no?” Y Rodrigo pone esa cara perfecta de tímido conmovido y un poco acurrucándose me dijo: “Sí”.

He escrito mucho y éste es el tipo de discursos que van en mi diario pero hoy era cuando quería escribir. Un descanso, un disfrute sincero. Como una vez hace no mucho que fuimos con Rodrigo a mirar Santiago desde muy arriba y él pensó que me aburría porque estaba callada. Pero no estaba aburrida, estaba sobrecogida. Porque a veces me sobreviene una recapitulación abrupta y me conmuevo tanto de tener todos esos momentos. De haber aprovechado todas mis opciones, de al fin no haber dejado pasar las chances y estar por ejemplo ahí, con él, y que vengan los milicos a decirnos que nos estacionemos más abajo porque es recinto militar y que nos corramos dos metros y que queden contentos, pero que no tienen idea de que los más contentos somos nosotros. De que nos quedemos callados y sigamos estando contentos, porque hace como un año las cosas comenzaron a sentirse así entre nosotros y a estrecharse cada vez más. Para que estemos mirando la ciudad felices sin nada de aburridos, para que recapitule de golpe, lo mire, me emocione tanto y me sienta satisfecha al fin, porque al fin estoy haciendo lo que quiero. Como ahora que se me frunció escribir, aunque me siento un poco enferma y tengo un pie lesionado, yo quería escribir y lo hice, lo decidí. Ay, me siento feliz. Feliz.



Trabar amistad
Lunes, Octubre 2, 2006, 10:39 pm
Guardado en: Textos, Vivencias | Etiquetas: , , , , ,

Hoy con mi compañero de clase Rodrigo Alarcón supimos que Anaïs Nin y Henry Miller habían “trabado amistad”. Pues, estuvimos muy contentos de saber que nosotros dos también.